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Ilustración: Fernando Carballo J.
Textos: Alberto Cañas, Roberto Fernández Duran, Álvaro Fernández Escalalnte.
Coordinación y Producción: Alberto H. Garnier.
Edición: Junta de Protección Social.
Digitación y Producción Web: Rachelle Esna

Luego de publicar dos artículos burlescos y satíricos sobre dos o tres ex presidentes envueltos en escándalos políticos en Costa Rica, sentímos que debíamos de alguna forma balancear la información y presentar entonces una visión de otros ex presidentes de Costa Rica, los de antaño, luego comprendímos que es pertinente presentar a todos los ex presidentes en una sección, uno por mes, hasta llegar al presente, y decidimos entre Rachelle y yo nombrarla “La sala de los ex presidentes de Costa Rica” para todos aquellos que quieran leer aspectos interesantes de una historia viva de nuestro país expresada en las personas, los ex presidentes que gobernaron Costa Rica en momentos claves de su historia. Los hombres que forjaron la Costa Rica de hoy.

Esta idea fue generada por Rachelle y a ella debemos no solo la idea, sino también la transcripción del texto y captura de imágenes por medio de scanner.

El texto y las imágenes pertenecen a un álbum que publicara la junta de protección social que a su vez fue publicando en los billetes de lotería las imágenes de los ex presidentes de Costa Rica con el fin de que el usuario estampara en dicho álbum cada billete de lotería con la imagen correspondiente a cada ex presidente.

Las imágenes fueron hechas por Fernando Carballo, los textos por: Alberto Cañas, Roberto Fernández Durán y Alvaro Fernández Escalante, la coordinación y producción aparte de los derechos de autor son de Alberto H Garnier, y la Junta de Proteccion Social a quien agradecemos profundamente nos permitiera publicar esta obra de incalculable valor histórico y cultural.

Javier Martín

 

Juan Mora Fernández
1824-1833

Don Juan Mora Fernández aparece en posiciones de gobierno, como secretario de la segunda junta, la que se instalo el 13 de enero de 1822. En esa forma, con treinta y ocho escasos años de edad, se incorporó a una lista de ciudadanos notables a cuyo cargo estaba la construcción del país libre y nuevo. A esta junta le tocó el primer hecho de armas en nuestra historia independiente. El 29 de marzo de 1823 con la ayuda de Heredia, fue tomado el cuartel de Cartago por los que deseaban adherirse al Imperio mexicano. En respuesta, don Gregorio José Ramírez, un exmarino de 27 años levanto a los alajuelenses. Y apoyados por San José los republicanos avanzaron contra la capital entonces. En la mañana del 5 de abril se produjo el encuentro en Ochomogo y a pesar de los esfuerzos desplegados por quienes insistían en que ambas partes capitularan, Ramírez exigió la rendición incondicional, adueñándose de la ciudad. Como consecuencia, la capital paso desde esa fecha a San José. A una cuidad menos adelantada que Cartago en una Costa Rica que carecía de carretillas, ruecas, maquinaria para la agricultura, moneda acuñada, y que veía como artículos milagrosos, los productos extranjeros. Los artesanos carecían de las herramientas más toscas, y las casas eran de un piso, paredes de adobe, con puertas y ventanas de cedro y tejas en el techo, y pisos de ladrillo cuando no de tierra. A través de las ventanas sin vidriera era posible observar los brazos y platillos de las balanzas hechos de madera groseramente labrada y con pesas que eran piedras recogidas de las calles.

Ya en este San José y a las dos semanas se restableció el orden, don Gregorio José –en cuyas manos estaban la fuerza y el poder – se retiró al solar alajuelense a la vida privada, falleciendo poco después en medio del respeto de sus conciudadanos. La posteridad lo ha reconocido como el primer prócer de nuestra historia de pueblo libre. A la junta le quedaba poco tiempo y en mayo de 1823, acordando un nuevo Estatuto Político, se eligió una tercera junta que gobernó hasta el 8 de setiembre de 1824 al instalarse el Congreso Constituyente que procedió a la elección de Jefe de Estado, resultando la mayoría de los votos favorables a don Juan Mora Fernández. A partir de ese 8 de setiembre, Costa Rica tuvo un gobernante, siempre dentro de la Federación Centroamericana.
El primer Jefe de Estado nació en San José el 12 de Julio de 1784. Realizo los estudios de primaria en la ciudad natal y en León los superiores. Antes de que sus meritos y patriotismo lo llevaran al gobierno había sido juez y director de escuela. En la historia nos ha quedado de él la imagen de maestro de escuela de profundo espíritu civil, que marcó una pauta convirtiéndose en el modelo de los gobernantes que le seguirían. Su fe en la buena disposición de los costarricenses que puso en evidencia su Decreto de 23 de setiembre de 1824, que invitaba a todas las corporaciones, autoridades y personas de cualquier condición, a presentar proyectos sobre el mejor medio para constituir el Estado.


Y esa fue la tónica de su primera administración, en cuyas numerosas acciones destacan el establecimiento del primer escudo del país, la emisión de la Ley Fundamental del Estado y las primeras ordenanzas municipales.
Creó la milla marítima para favorecer la pesquería, y la elaboración de sal. Favoreció a quienes aprovecharan en agricultura y ganadería los terrenos incultos, creando premios para los descubridores de caminos, puertos “o cualesquiera objetos de industria”.Estableció una casa de moneda, y estimando que la base principal de un gobierno es la ilustración, invitó a todos los ciudadanos a establecer en cualquier pueblo que fuera un periódico en manuscrito. Promovió el establecimiento de casas públicas de enseñanza, erigiendo una en San José bajo el patronato de Santo Thomas que luego dio origen a la Universidad del mismo nombre. Por decreto del 7 junio de 1826 ordenó fundar un hospital general, llamado San Juan de Dios.
Terminando su periodo, fue reelecto por unanimidad el 1de marzo 1829 y gobernó con igual claridad hasta el 9 de marzo de 1833, fecha que la Asamblea Constitucional fijo para que lo sucediera don Rafael Ángel Gallegos, electo el 2 de ese mes.
Cabe destacar otros hechos importantes ocurridos en los dos periodos en que don Juan Mora Fernández desempeño la Jefatura del Estado. Interesado en abrir un camino al Atlántico, acordó otorgar un premio de 500 pesos en dinero y 1.000 en tierras baldías a quien descubriera una vía de comunicación con la rada de San Juan. En esa forma encamino el deseo de facilitar un acceso a países más grandes y civilizados, aspiración que pudo llenar muchos años después el Presidente Guardia.

El 15 de octubre de 1825 fue aprobado el primer contrato de colonización con el ingles
John Hale. El terreno escogido se conocía aún hace cincuenta años, cerca de Sarapiqui, con el nombre de “la montaña del ingles”. Curiosamente, toco a Hale ser la primera persona que bajó al cráter del volcán Irazu, denominado en esos tiempos “la boca del infierno”.

Un movimiento que tendía a regresar al dominio de España, atacó el 29 de enero de 1826 del cuartel de Alajuela. Después de dos horas de combate los conspiradores se dieron a la fuga, muchos de ellos heridos. Después su jefe, José Zamora, calló prisionero y fue pasado por las armas. El Jefe de Estado desplegó gran actividad y energía contra la intentona, mereciendo por ello el reconocimiento del Congreso. Los legisladores opinaron que “se había hecho acreedor a la gratitud del país”, ante la acusación que le hizo el joven Braulio Carrillo ante ese cuerpo de haber violado la Constitución.

Don Juan Mora Fernández falleció en San José el 16 de diciembre de 1854 y yace en una humilde tumba, desde la cual continua siendo fuente de inspiración para todo costarricense que aspire a seguir edificando sobre la construcción magnífica que el prócer nos legó. Su grandeza ha deshumanizado su figura a extremo de que circulan anécdotas de él ni se conocen detalles pintorescos de su vida. Tiene que haber sido un hombre muy parecido a todos los costarricenses. Una encarnación de nuestra manera de ser bonachona, desconfiada y firme. Algo más que el medallón y la estatua que nos hemos acostumbrado a ver.
Al acabar su segundo periodo, la legislatura mando a que su retrato fuese colocado en el salón de sesiones de la Asamblea con la siguiente inscripción al pie: “Ocupa este lugar el ciudadano exjefe Juan Mora, por sus virtudes, y lo ocuparan sucesivamente los que, en el mismo destino, se hagan dignos de él.” Así se originó el salón de expresidentes de la Asamblea Legislativa.

   
 
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