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Lo
cotidiano, lo supuestamente monótono, se me antoja tremendamente
maravilloso y asombroso con solo parar un instante, sacar la cámara
y capturar un momento, una textura… un baño de luz.
La
imposibilidad de asombrarnos ante la naturaleza, ante el cielo y sus constantes
exposiciones, ante lo sencillo e insignificante, es un origen de la mayoría
de nuestras frustraciones y decepciones.
Quizás
el problema es que acostumbrados a lo confortable, abrumados por lo artificial,
hemos perdido sensibilidad ante el milagro de la
vida, y damos por sentado que los sentidos, la salud y el abrigo estarán
siempre ahí, y eso no es cierto.
La
felicidad, la alegría, son por naturaleza estados pasajeros de
la mente, como las lluvias de Mayo, son un eterno ciclo de altos y bajos,
de paradójicos contrastes.
Estas
fotografías son mi visión de lo cotidiano, de lo insignificante,
para mí, lo cotidiano, lo sencillo e insignificante, puede y debe
ser arte.

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