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Reporte del clima en CalleAmargura o¿Como establecer un anti pronóstico?
Llueve torrencialmente en la Calle de la Amargura, hoy es domingo, día libre de todos, los domingos parece que vivo en el campo, ya que se escucha el silencio...
Probablemente en Tapanti llueve también, o en Cerro de la Muerte, o en Monteverde, talvez llueve en Tortuguero, y recuerdo que pasé tres años bajo la lluvia, colgando de un teleférico en el bosque lluvioso, recuerdo que desde entonces, el bosque lluvioso sin lluvia me parece triste, cuando llueve, el bosque inicia ciclos de vida y muerte determinantes para el ecosistema como un todo, como un macroorganismo.
¿Estará lloviendo en el volcán Turrialba? Acá llueve tempestuosamente, como suele llover solo los domingos por la tarde de esta época del año, llueve como para renovar todo, para hacer crecer el musgo en las piedras, en la piel de los hombres, llueve como solo en el neo trópico puede llover.
En el ecosistema llamado CalleAmargura la lluvia es parte esencial para una buena limpieza de la calle, la lluvia se lleva todos los vasos plásticos, los platos desechables donde se venden trozos de pizza italiana, y otras cosas desagradables que no queremos ver, pero… ¿adonde van? A obstruir los caños primero que todo, luego… inician un viaje por el virilla hasta desembocar en el océano pacifico, junto con los coliformes y las metales pesados. Los vasos plásticos servirán de señuelo para que las tortugas marinas Baula crean que son aguamalas y se la traguen, con lo cual muy probablemente morirán. Los vidrios de las botellas quebradas albergarán a renacuajos de tres ojos por un tiempo y luego se convertirán en hermosísimos vidrios pulidos por el oleaje del mar, codicia de todo acuarista.
Pero hoy es domingo y me prometí no trabajar en temas álgidos. Sigamos hablando del clima.
La mitad de este país tiene un régimen de lluvias distinto a la otra mitad, probablemente Limón este muy seco, muy rico… con solcito caliente, y sabor de caribe bañado con leche de coco y ron.
Salgo a mi balcón que súbitamente se ha convertido en proa de barco, noto que tengo un parche en el ojo y una pata de palo. A mi izquierda, aferrado a mi hombro, un loro intenta repetir el parlamento inicial de La Divina Comedia de Dante, mientras lucha con valentía para evitar ser arrastrado por la ventisca, el viento castiga mi rostro con la sal marina, una última gaviota grazna su retiro al refugio en los arrecifes del peñón a sotavento.
El mar se alza embravecido, mas mi proa es estable, el acero rompiendo las olas, el casco resiste las peores embestida con firmeza, se eleva con la cresta de la mas alta ola y cae retumbando sobre el hierro del mar, -"Otra sacudida y ya"-, pienso.
A estribor y babor las sirenas me saludan seduciéndome, yo les guiño un ojo y prometo volver pronto a liberarlas de sus cantos auto castradores la próxima vez que cruce el cabo Finisterre.
Regreso a libar mi café al abrigo de mi hogar luego de darle un portazo al exterior, la pantalla de mi computador me guiña un ojo, sacudo el loro que desaparece junto con el pirata, y me visto de ser humano para escribir un poco sobre la lluvia y CalleAmargura, la basura y el costarricense, los domingos en los que siempre prometo no trabajar y nunca cumplo.
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Versión Impresora | |||||||||||||||
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