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La
Próxima vez que te vea -Mire, don Luis, yo le prometo que apenas pueda le pago los alquileres
atrasados. Por favor, don Luis, ¡otro tiempito más! total que usted no se va a morir mañana porque no le pague hoy. Por favor, don Luis por favor… Un silencio tenso siguió a la suplica de Carlos. Su mirada, su
angustia, llenaban el interior del cuchitril que tenía por morada.
Paredes empapeladas con viejos periódicos, dos catres desvencijados
con cuatro niños encima, cuyas edades sumadas apenas llegaban a
quince años. Las palabras que pronuncio don Luis se clavaron como
dardos en Carlos: El hombre no quiso terminar la frase. No era necesario. Ya Carlos había
visto a más de un inquilino tirado a la calle por no pagar. Don
Luis dio una última chupada a su cigarro mentolado para luego lanzarlo
al suelo. Se levantó del banco en que estaba sentado y se dirigió
a la puerta. Antes de abandonar la habitación agregó: Los primeros minutos de que don Luis se marchara fueron dignos, mas que de Carlos, de un zombi. Pensó en Lupe, su mujer, que se encontraba en un hospital de caridad, en los múltiples intentos fracasados por obtener trabajo. Miro a sus hijos que dormían, ignorantes de su incierto futuro. Por ultimo se descubrió llorando, pero de inmediato reprimió el llanto y se quedo cavilando en su habitación penumbrosa. Recordaba las palabras de don Luis: ¨ La próxima vez que te vea…¨; le martillaban la cabeza. "La próxima vez que te vea". "La próxima vez que te vea". Las oía una y mil veces las oía. Crecían, cada vez mas fuertes, cada vez mas temibles. Las horas pasaron. Ya iban a dar las dos de la madrugada. Oculto entre las sombras de las casuchas, Carlos aguardaba en el callejón, sabia que, como casi todas las noches, don Luis Pasaría por ahí. Tenia que pasar. Si. Si. No podía ser que precisamente esa noche no pasara. Carlos esperaba mientras seguía oyendo aquellas palabras que palpitaban: ¨ La próxima vez que te vea…¨ Carlos al acecho, Carlos y una cuchara. Oyó unos pasos, don Luis Se acercaba. Borracho, iba a terminar
la noche en el cuarto de alguna de las mantenidas. Carlos escuchaba cada
vez los pasos mas cercanos, levantándose del fango y volviendo
a el, azuzándolo para que realizara lo que había decidido
hacer. ¨ La próxima vez que te vea…¨ las palabras
y los pasos. Las palabras y la cuchara. Las palabras y el fango. Todos
conjurados.
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