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Tomado del Libro: J. KRISHNAMURTI
OBRAS COMPLETAS AÑOS 1933-1967
Prefacio Hijo de padres brahmines, Jiddu Krishnamurti nació en 1895 en el sur de la India. Cuando Krishnamurti tenía catorce años, Annie Besant, presidenta de la Sociedad Teosófica, una organización internacional que ponía énfasis en la unidad de todas las religiones, lo proclamó el próximo Instructor del Mundo. Adoptó al muchacho y lo llevó a Inglaterra, donde fue educado y preparado para su rol futuro. En 1911, se formó una nueva organización mundial, con Krishnamurti como jefe de la misma; tenía el fin exclusivo de preparar a sus miembros para el advenimiento del Instructor del Mundo. En 1929, después de muchos años de cuestionarse a sí mismo y de cuestionar el destino que le habían impuesto, Krishnamurti disolvió esta organización, diciendo: La Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada, absolutamente inabordable por ningún camino, no puede ser organizada, ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a lo largo de algún sendero particular. Mi único interés es hacer que los hombres sean absoluta, incondicionalmente libres. Hasta el fin de su vida, a la edad de noventa años, Krishnamurti
viajó por el mundo hablando como una persona privada. El rechazo
de toda autoridad espiritual y psicológica, incluyendo la suya
propia, constituye un tema fundamental. Es de interés prioritario
la estructura social y cómo ésta condiciona al individuo.
Sus pláticas y escritos ponen el acento en las barreras psicológicas
que impiden la claridad de percepción. En el espejo de la relación,
cada uno de nosotros llega a comprender el contenido de su propia conciencia,
la cual es común a toda la humanidad. Esto podemos hacerlo, no
analíticamente, sino directamente de una manera que Krishnamurti
describe en detalle. Observando este contenido, descubrimos dentro de
nosotros la división del observador y lo observado. Él señala
que esta división, que impide la percepción directa, es
la raíz del conflicto humano. |
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