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La siguiente es una transcripción fiel de la introducción del libro: "El I Ching El Libro de los Cambios", escrita por Helena Jacobsy de Hoffmann de la version Alemana de Richard Wilhelm. Dicha introducción se irá publicando por partes aquí en CalleAmargura.Com.
Posteriormente se pensó que la palabra aludiría a una combinación
del sol y la luna, o sea, de las dos fuerzas fundamentales: Yin y Yang.
La fusión de los dos caracteres arriba mencionados ha conferido
a la palabra "I" el sentido de: lo fácil, lo simple,
lo firme, lo quieto y cambio o movilidad. En el curso de los milenios, la bibliografía china acerca de los
orígenes, el sentido y la filosofía del Libro de los Cambios,
ha crecido en forma tan impresionante que en el siglo XVIII de nuestra
era, cuando los primeros sinólogos europeos comenzaron a interesarse
por el I Ching, se encontraron con más de En la literatura china se menciona a cuatro sabios como autores del I Ching: Fu Hsi, según la leyenda, el primer gobernante de la historia china (alrededor de 3300 A.C.); el Rey Wen y su hijo, el Duque de Chou (alrededor de 1100 A.C., aunque Hellmut Wilhelm da alrededor de 1500 A.C.), Y finalmente a Confucio (siglo VI A.C.). LOS TRIGRAMAS La primera colección de los 64 hexagramas se remonta, según la tradición, al Rey Wen, sabio que durante los años de cautiverio (preso por su adversario, el tirano Chou Sin), escribió los párrafos titulados "El Juicio". El texto de "Las Líneas" se atribuye a su hijo, el Duque de Chou. Posteriormente el I Ching (que se componía, en el siglo VI A.C., esencialmente de "Los Juicios" y "Las Líneas") fue descubierto por Confucio, quien se dedicó intensamente a su estudio. Es muy probable que los comentarios acerca de los párrafos llamados "Las Imágenes", se deban a él. En el tristemente célebre auto de fe (213 A.C.), bajo el tirano Ch'in Shih Huang Ti, el "Libro de los Cambios" escapó milagrosamente a la fatal suerte de otras importantes obras clásicas. Durante siglos el I Ching fue empleado, sobre todo por los hechiceros,
como texto de oráculo, y sólo después que el erudito
Wang Pi escribiera un tratado que ponía énfasis sobre la
extraordinaria sabiduría contenida en el Libro de los Cambios,
éste se transformó en un tratado de filosofía política
y práctica. Se dice que Chengis Khan sometió a la apreciación
del oráculo algunas de sus más grandes decisiones políticas
y militares. También para Lao-Tse y Confucio, el I Ching representaba
una fuente de inspiración filosófica. El pensamiento básico del libro es el de los cambios. El fundamento de todo lo que existe se representa en el I Ching con el Tai Chi: La simple línea es la "Viga Maestra", la entrada a la manifestación, la primera división, el Uno. Con el Uno nace la dualidad, el mundo de los opuestos: el Espacio se divide en un arriba y un abajo, una derecha y una izquierda, un delante y un atrás. Las contradicciones y las correspondencias se reconcilian y se realizan a través del Tiempo. Los opuestos se conocen con los nombres de Yin y de Yang. Yin, en su significado primordial, es el lado de la sombra de la montaña, es lo nublado, lo velado. Yang significa "bandera ondeando al viento", o sea, algo luminoso, claro. En el Libro de los Cambios las dos expresiones designan estados cambiantes del ser: lo masculino y lo femenino, lo oscuro y 10 claro, lo firme y lo blando. lo fuerte y lo débil, etc. Dentro del mundo de la polaridad, el polo positivo, primario, se representa con una línea entera, y el negativo, secundario, con una línea quebrada. A partir de las transformaciones de las energías Yin y Yang se estructura la existencia. El cambio puede ser una transición permanente de un estado en otro. o bien un recorrido circular de acontecimientos coherentes, como ser: día y noche, verano e invierno, florecimiento y decadencia de las culturas, etc. Los dos modos de cambio, el circular y el progresivo, no se hallan rigurosamente separados. La norma es el ciclo del devenir, pero dentro del ciclo el cambio continuo genera las peculiaridades individuales y casuales. Los ocho trigramas son imágenes de estados transitorios con esto
se relaciona la idea, expresada posteriormente también en la filosofía
de Lao-Tse y Confucio, de que todo aquello que sucede en lo visible es
sólo la réplica de una idea que mora en lo invisible. Existiría
algo como una identidad estructural entre el mundo manifestado y el no
manifestado, entre el macrocosmos y el microcosmos, entre el alma y el
acontecimiento del momento. Las diversas situaciones cambiantes están representadas en el I Ching por combinaciones de líneas enteras (fuertes) __ y quebradas (débiles) - -. Los ocho trigramas corresponden a modos de comportamiento ligados a cierta dualidad de una determinada orientación de la energía. Las posibles combinaciones de tres líneas enteras o quebradas son 2³ = 8; por esta razón el I Ching emplea estos ocho símbolos primordiales, los "Kua” = trigramas, para representar las energías constructivas de la realidad. En primer lugar, tenemos el trigrama Los dos principios, lo Creativo y lo Receptivo, representan los opuestos fundamentales en el universo. Si se designa el trigrama La Hija mayor es En resumen, tenemos:
El Hijo Mayor, el Trueno, es la impetuosa energía, lo excitante, la conmoción, la electricidad que sale de la tierra. En el segundo Hijo, la energía se ha trasladado a otro elemento: corresponde al Agua, es el Agua en movimiento, la cascada que se precipita a la profundidad, se derrama, se eleva en forma de nubes, para caer, finalmente como lluvia sobre la tierra; es lo Abismal, ya que no conoce límites, arrojándose sin vacilación al precipicio. El movimiento encuentra su limitación en el tercer Hijo, Guen, la Montaña, Mantenerse Quieto. Lo fuerte se encuentra arriba, y lo blando, abajo. El movimiento se manifiesta aquí en forma vegetativa. En China la montaña se concibe junto con su ambiente, con sus bosques, con todas las plantas y animales que produce, con las nubes que envía al cielo para que la lluvia fertilice los campos vecinos. En suma: la montaña es un centro vital. Al concentrar lo celestial en la tierra, atrae las influencias atmosféricas, produciendo así la armonía en la vida. La Montaña es el representante del Cielo en la Tierra. En los trigramas que representan a las Hijas se encuentra un movimiento
análogo. La mayor es Sun, lo Suave, lo
Penetrante. Su imagen es el Viento. Este penetra suavemente en
todos los poros, es omnipresente; es, por decirIo así, lo incorpóreo,
lo inmaterial. En comparación con el Hijo Mayor, el Trueno, el
Viento está más dirigido hacía lo material, es menos
activo, es más bien reactivo: se amolda y, al doblegarse, impone
su voluntad. Sun es también la Madera que penetra
con sus raíces en todas partes, se apega a todo elemento que contiene
humores vitales, para entregarlos hacia arriba, a la planta. Li es el Fuego, lo Adherido. No existe en forma independiente, sino tiene que adherirse a algo combustible, como la madera u otro material. Es ésta la razón por que "adherirse a algo" también significa "depender de algo", "fundarse en algo". Es la claridad, la luz. La Hija Menor, Dui, el Lago, es también(como Guen) en cierto modo el final del movimiento. Lo blando está arriba: lo fuerte se embellece con lo blando. Simboliza una boca sonriente que, sin embargo, tiene ciertos rasgos melancólicos. Mientras que Chen es la primavera, Dui es el otoño. El otoño es alegre, es el tiempo de la cosecha; pero es también el tiempo del juicio, el anuncio de la muerte. En el otoño alegre, dorado, se oculta cierta severidad que, por de pronto, no se manifiesta. Tiene como símbolo natural el Lago. Este no se concibe como agua, sino que alude a un fenómeno resplandeciente, como bien podría ser el espejo de un lago al pie de una montaña. Puede representar también los vahos que se elevan de la superficie del lago, depositándose finalmente en la tierra; puede significar el agua vaporosa, el agua estancada, el pantano; en síntesis: todas las manifestaciones del agua que se distinguen esencialmente del símbolo acuático activo, Kan. Dui es aquello que se mantiene tranquilo en el agua atmosférica. Guen, la Montaña, permanece inmóvil en lo terrenal, conquistando sin embargo vida por medio de lo celestial. Dui, en cambio, es lo que reposa en el agua atmosférica, pero que adquiere un elemento alegre a través de lo terrenal.
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