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Para todos aquellos que hemos vivido en Port Limón, y que llevamos por ello incrustado en el alma un estilo de vida y una cosmogonía absolutamente únicas y particulares -aun salvando diferencias económicas o culturales- la novela “Limón Blues” escrita por Ana Cristina Rossi, es un documento de incalculable valor, que rescata y presenta una realidad histórica de un lugar formidable y excepcional como lo es Port Limón.
Pero solo mencionar el valor histórico de la obra es absolutamente injusto, la magistral pluma de Ana Cristina nos transporta en el tiempo y a través de una secuencia de emociones humanas, que nos impactan en el sentimiento y –como cuando escribió “La Loca de Gandoca”- nos lleva suavemente de la mano a través de una delicada y profundamente intensa trama psicológica con la que enlaza los caracteres humanos, en el marco de un Port Limón de principios de siglo. Se tiene por establecido que el lugar donde nacimos es el centro del universo, de este simple hecho puede entonces reprochárseme que escriba con tanto afán del lugar donde nací –aunque oficialmente nací en San José crecí en Puerto Limón y es allí donde permanecen mis raíces- pero en honor a la verdad la historia de Port Limón es rica en matices y de enorme trascendencia no solo en el desarrollo del país, sino también como se testifica en la obra de Ana Cristina, en el desarrollo de la emancipación mental y cultural de los negros americanos y en general del mundo. Los Lideres y la Discriminación del Sistema Educativo Actualmente la discriminación racial es un tema que aunque en boga, no se discute más su absoluta estupidez e improcedencia. En tiempos en los cuales se apela a los derechos humanos constantemente por parte de las minorías de la sociedad, la verdad es que la mala educación, la educación basada en el paradigma del costarricense blanco, la educación profesada por el estado costarricense del siglo XX, basada en el prejuicio, en el chauvinismo de la supremacía del blanco, ha calado hondo en la idiosincrasia del costarricense de la meseta central, siendo que aun hoy encontramos todavía el prejuicio, el estigma de que negro es malo, es inferior. Intentar hallar los orígenes del sentimiento discriminatorio del tico de la meseta central es un tema que abriría una investigación larga y profunda, objetivo que se desvía del tema principal de este pequeño articulo, solo quiero decir con respecto al tema de la discriminación, que con la lectura de este libro de Ana Cristina, podrá el lector que no es Limonense, finalmente empezar a entender un lugar que le es extraño por muchas razones, un lugar que aunque sabe perteneciente a Costa Rica, inconscientemente tiene aislado de su mapa de vida por sentirlo ajeno, extraño y exótico, este lugar que es Port Limón. Historia de Garvey
Retorna a Port Limón siendo ya un héroe de las masas negras, a un Port Limón que se halla dividido en dos: el Port Limón de siempre, el enclave bananero Gringo e Inglés, -recordemos que los negros fueron traídos de Jamaica temporalmente por Minor Keith para la construcción del ferrocarril, pero la verdadad es que estaban además para el cultivo del banano, lo cual no es temporal- de este simple hecho se sabían súbditos del Imperio Inglés, y hasta celebraban con parsimonia el cumpleaños del Rey, y el Limón de los blancos, de los josefinos que desconocieron siempre la nacionalidad de los negros nacidos aquí, y que nunca ingresaron al mundo de los negros muy educados que vivieron y construyeron Limón. La Costa Rica doblegada por el peso de la bananera. La Estadía de Garvey en Limón es pasajera y se entrevista con el presidente de entonces Alfredo Gonzáles Flores, sigue en su periplo recaudando y formando nuevas sedes de la U.N.I.A. por entre el caribe. En medio de gran pompa y parsimonia se funda una especie de ideología cristiana – mítica- donde se reparten títulos nobiliarios entre los cuales sobresale el titulo que se asigna Garvey de Presidente Provisional de África. Un proyecto de fundar en Liberia una colonia Garveita exacerba el clima geopolítico y termina Monrovia denegando todo apoyo al movimiento de Garvey, simultáneamente malos manejos administrativos de las empresas en especial el pésimo manejo de la línea naviera Blacks Star Line conducen a esta a la bancarrota y el gobierno federal de EE.UU. lo acusa de fraude postal. Es encarcelado y el movimiento se resquebraja y desmorona, pero sobreviven hasta el presente algunos capítulos, algunas logias que siguen adelante con alguna propuestas de mejoramiento local aprovechando la estructura social que ya se había tejido, es decir utilizando las organizaciones que ya se habían establecido. Posteriormente la entronización en Etiopía de Ras Safari, quien se hace llamar Hallie Sallasie II descendiente directo del Rey Salomón, secunda la oferta de Marcus Garvey y ofrece la repatriación de los negros a Etiopía, oferta que tuvo poco eco, pero que redundó en el establecimiento del movimiento rastafariano en Jamaica, movimiento espiritual que produjo el reggae, genero musical que ha trascendido allende el mar Caribe y ha alcanzado el planeta. Al finalizar la novela, la autora presenta una coda donde se documentan los hechos históricos de los cuales parte para escribir la novela, solo la coda en sí misma es una delicia literaria, signo inequívoco de que el gran talento de la autora no puede ser disminuido ni aun al escribir una coda, es por ello que me permití transcribir literalmente unos párrafos de la misma: Javier Martín Extracto de la Coda de la novela “Limón Blues”
de Ana Cristina Rossi. En los años cincuenta viví en “el atlántico”, como se le decía entonces al Caribe costarricense. Port Limón estaba unido o más bien desunido del resto del país por ocho horas en un tren que las lluvias interrumpían. En Limón vivía una gente fascinante que hablaba un inglés exquisito, se vestía de modo espectacular, cantaba cosas extraordinarias y tenían rituales secretos en unos sitios llamados logias. Eran de religión protestante y su autoridad era la reina Isabel de Inglaterra o La U.N.I.A.: el movimiento de Marcus Garvey. Sus actividades preferidas eran la declamación, el canto y el baile. Sus deportes, el críquet y las carreras de caballos. En 1973 dejé Costa Rica y cuando a mi regreso, quince años después, visité Limón, me quedé muy asombrada. ¿Dónde estaba aquella gente, aquel esplendor? ¿Lo había inventado mi imaginación de niña? No, no era mi imaginación. Ese mundo yacía allí, perfectamente documentado, en la biblioteca Nacional de Costa Rica, en los periódicos de Limón en Inglés. Mi emoción fue inmensa. En un principio pretendí hacer una mezcla de novela y documento histórico. Para ello había incluido cartas oficiales, artículos de periódicos, informes de archivos y los había dejado en itálicas, para que el lector supiera que aquello era historia pura, y que el Limón de la novela había existido de verdad.
Me pareció razonable. Entonces eliminé completamente las itálicas, dosifiqué los documentos de archivos y periódicos y en muchos casos hice que los personajes y no las cartas o artículos relataran la acción. Sin embargo mi intención siguió siendo mostrarle al lector un mundo que, por la barrera del idioma y la incomprensión y el racismo de los costarricenses, quedó fuera del acervo cultural del pais. Por eso ahora quisiera hablar sobre los documentos reales. Como quería presentar la comunidad afro antillana con sus propias voces, mi principal material fueron los periódicos en inglés publicados en Limón entre 1903 y 1952, los cuales se encuentran en la Biblioteca Nacional de Costa Rica, en San José.
Por supuesto que el libro es mi interpretación personal de los textos consultados…
…Me quedé corta ciertamente en el retrato de ese mundo negro lleno de organizaciones, orquestas, coros, actividades literarias y filosóficas, políticas, teatrales, coreográficas, un mundo cuyo esplendor coincide con el esplendor del Imperio Británico, y muere con éste. Un mundo que no volverá a repetirse, donde se juntaban la pasión victoriana por los rituales y los espectáculos, la pasión africana por el canto, el baile y el más allá, la pasión inglesa por la poesía y la literatura y la pasión jamaiquina por definir una identidad. Ana Cristina Rossi.
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