Tratado Universal de Dragones |
| Andrés J.P. Paez, Horacio Moreno, Silvia Ataefe |
| ©2002, Duncan Propiedades
Intelectuales |
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| ©2002, Círculo Latíno, S.L.
Editorial |
| P.I. Cidesa C/. Los Pozos, 38 |
| circulolatino@terra.es |
| 08740 - San Andrés de la Barca |
| Barcelona España |
Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha creado una fantástica
galería de monstruos y criaturas, que se ha manifestado en
sagas, leyendas y tradiciones orales como representación
de fuertes paradigmas fijados en el inconsciente colectivo.
De todas las criaturas que habitan ese éter legendario el
dragón es, sin lugar a dudas, la más trascendente,
transformándose en un icono de casi todas las culturas y
pueblos del mundo. Lo interesante del dragón como figura
mítica es su relevancia arquetípica, que atraviesa
transversalmente a culturas que nada tienen que ver entre sí,
sea por habitar en continentes distintos, por pertenecer a razas
distintas, o bien por permanecer aisladas por situaciones geográficas
de diversa índole.
Este libro pretende ahondar en diversas fuentes, enfocando la figura
del dragón desde distintos contextos culturales, religiosos
y mitológicos, tratando de dar explicación del significado
de tan importante figura legendaria.
Un análisis de las narraciones que incluyen dragones nos
remitirá inmediatamente a la figura del héroe y su
antítesis, una forma que se repite de manera inexorable en
todo un bagaje de mitos y leyendas donde encontraremos el bien contra
el mal. Pero el tema es más profundo, por la diversidad de
contextos culturales, formas en la que se utiliza la figura de la
bestia y el resultado de su aparición dentro de estas historias,
que reflejan la exaltación de valores de la literatura caballeresca.
De manera recurrente encontraremos al dragón en diversas
simbologías, a veces como emblema de virtudes dentro de ciertas
tradiciones paganas de la antigüedad, o como la máxima
expresión de la sabiduría en la cultura china, u otras
como figura esotérica vinculada a escuelas de conocimientos
ocultos.
Esta contraposición, que vincula al dragón tanto
con el bien como con el mal, termina siendo un paradigma de lo fantástico,
donde se mezclan toda una serie de factores religiosos y culturales.
Si bien el dragón no es la única criatura fantástica
que aparece en diferentes contextos culturales, es la que más
se utiliza como cierre en toda una serie de elementos populares,
que se han transformado, con el paso de los siglos, en un eterno
cuento que nos cautiva y atrapa la imaginación.
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Su apariencia, tal como la conocemos actualmente, es la imagen
que prevalece en el mundo occidental y fue difundida a partir de
la demonización que realiza la iglesia sobre esta bestia.
En tanto que la tradición antigua relacionaba a los dragones
con las grandes serpientes, es obvia la relación que establecería
el cristianismo con estas criaturas y su clara identificación
con el mal y, más específicamente, con el diablo.
De este modo, el dragón será, además, la feroz
criatura enfrentada por distintos héroes de las más
diversas tradiciones expresadas en cantares y poemas divulgados
por trovadores y juglares de toda Europa.
El aspecto de los dragones es variado y depende de la representación
y su función cultural. Se le puede encontrar en todo tipo
de grabados, esculturas, pinturas y toda una serie de objetos donde
se le visualiza a veces con alas y otras con forma de serpiente.
Así es como la criatura de la cual hablamos es representada
en formas distintas, no es el mismo aspecto el que tiene en Europa,
en Asia y Oriente, o el que tiene en América. Haciendo un
recorrido por distintas culturas y pueblos podemos dilucidar las
variadas representaciones que han hecho del dragón una bestia
legendaria.
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El dragón es asociado con elementos naturales y podemos
decir que los orígenes de la evolución de la bestia
se pierden en los comienzos del mito y la leyenda. El Draco Magnificus
o dragón Europeo hiberna durante largos periodos, los relatos
lo muestran custodiando riquezas ocultas a los ojos del hombre y,
esta característica demuestra sus hábitos solitarios.
En oriente aluden a un ciclo gestacional de cuatro mil años
para el desarrollo del dragón, lo que pone de manifiesto
la trascendencia del dragón ya que, por sus características
no es cualquier bestia: es un ser imaginario al cual siglos de transmisión
oral leyendas y literatura le han otorgado una presencia magnífica
para fijarlo en el imaginario de todas las culturas.
Lo fascinante de esta criatura mítica, es cómo ha
convivido su mito con el hombre, desde los orígenes mismos
de la humanidad, y encontramos alusiones a serpientes aladas en
el antiguo Egipto, pero también en América, con Quetzalcoatl.
Es distintivo el uso de la imagen del dragón como blasón
en ejércitos de la antigüedad: los romanos utilizaban
algunas insignias con grabados de esta criatura, que adornaban los
uniformes de sus oficiales; otras naciones, como los escitas, los
partos o los persas, lo levaban en estandartes de guerra.
En la Edad Media europea encontraremos al dragón notablemente
arraigado en las leyendas populares, lo que fue aprovechado por
la iglesia para demonizarlo y derrotarlo, como finalmente haría
el cristianismo con las religiones paganas. Es por ello que muchos
santos cristianos con San Miguel, Santa Margarita, San Patricio,
y San Jorge, en algún momento de sus vidas, enfrentaron y
mataron dragones.
Cuando hablamos de dragones, las explicaciones del mito pueden
ser tan fantásticas y variadas como el ser que nos interesa
en cuestión, y más allá de la interpretación
racional del por qué, es interesante advertir la persistencia
temporal de una criatura imaginada por el hombre primitivo y que
fue redefinida varias veces en tanto que transcurría el devenir
de los siglos. El dragón se resiste a desaparecer porque
el hombre ha plasmado en él características ha su
misma supervivencia. La imaginación no tiene límites,
y esta facultad ha elaborado relatos de toda índole, donde
el dragón tiene un lugar adquiriendo roles que generalmente
no son los mejores.
Es el recurso literario ejemplificador de muchas historias, es
el villano, y en ciertas ocasiones termina siendo más interesante
que el héroe mismo. Esto denota su magnificencia dentro de
una galería de personajes de leyendas y es en la fábula
misma donde el dragón adquiere esa relevancia que intentamos
pasmar en estas líneas.
De alguna manera, hemos condenado al dragón y le hemos impuesto
el mote de maligno, condenando de paso la utopía que la criatura
representa. Resulta atrapante encontrar en la figura del dragón
tanta variedad de estilos y relatos.
Cuando hablamos de dragones, hablamos de imaginación, fantasías,
fabulaciones, leyendas e innumerables cuestiones imaginarias, todo
un universo que se enfrenta a nuestro entorno contemporáneo,
rápido y ajeno a las cuestiones antes citadas. Es allí,
en ese mundo de fantasías, donde habita el dragón,
donde siempre ha preferido permanecer, tal vez distante del presente
que hemos construido. Es por ello que seguramente, hoy por hoy no
podamos creer en su existencia, porque el hombre se ha alejado cada
vez más de las utopías.
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