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Libo mi café mientras el sol penetra por entre las ventanas de mi apartamento con luz del amanecer, la música de Johann Sebastián Bach nos recuerda lo frágil y vulnerables que somos en este universo, e inevitablemente repaso los acontecimientos de los últimos días: Nuestra amiga Andrea se traslada de apartamento, en procura de más independencia, extrañaremos su presencia, siempre tan agradable y llena de luz. A Wilsoniano lo visitó su esposa ayer, le cayó de sorpresa en la que era la casa de ambos, él esta muy contento porque percibe, es un símbolo que augura aproximación hacia su amada. Mi ex viene por nuestro hijo y se ataca en llanto, porque hasta la persona más fuerte es doblegada por el peso abrumador de la realidad cotidiana, la vida la obliga a modular su altanería inconsciente. En la calle veo a mi otro hijo que me retorna una mirada de odio desde su mundo de adolescente resentido, la calle lo hace verse más grande, más adulto. Richimelo y su hijo lloraron la muerte de su perrito al caer en una alcantarilla sin tapa, que retornó a la hora misteriosamente, empapado pero victorioso, el triunfo del zaguatillo ante los aguaceros de esta época.
Don Hernán Viquez, suegro de mi hermano, murió y lo enterramos ayer, su hija y su viuda lloraban cada una en su momento desconsoladamente en mi hombro, ante lo ignoto y la impotencia de la muerte las palabras sobran, y el único remedio al dolor aunque parcial, es el contacto físico y las muestras de solidaridad. El dejó un gran legado de sabiduría, sencillez, trabajo constante y tenaz, extrañaremos su paz, su fantástico sentido del humor, no ha muerto, lo podremos observar siempre en el paisaje cotidiano, en la sonrisa de los niños, en la mirada expectante de la juventud que lucha y anhela un proyecto personal. Desde la Iglesia de San Pedro, vestido de luto, veo pasar una manifestación de trabajadores en demanda de una mayor alza salarial y en protesta contra el TLC, veo el féretro y la lucha de clases, el fin y el inicio de historias que se viven minuto a minuto, lágrima por lágrima. De ella, de la que hasta hace poco amé profundamente no se nada, su silencio y su ausencia son cada vez menos notorias, mi vida es hoy más llevadera, son las paradojas de la vida, te da pero te quita a la vez, y eso es en resumen una semana normal, de naturales pérdidas y ganancias, la vida nunca lo dará ni lo quitará todo. Es esta la manera habitual en que suceden las cosas debajo del sol, felicidad,
angustia, amor, desamor, justicia e injusticia, henos pues aquí
ante la dialéctica de la vida y de la muerte. |
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