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Texto y Fotografías por Javier Martín Era yo un niño a finales de los sesentas, en aquel entonces Batman estaba recién graduado, era el súper éxito de la televisión. Hoy soy grande y me permito hacer un análisis Freudiano acerca del tema. Primero que todo me parece muy extraña la relación entre Batman y Robin, a ninguno se le conoce novia, menos esposa. En aquella primera serie televisiva, Batman tenía llantas, es decir panza, lo cual me parecía grotesco. Gatubela, tenía un traje de látex negro y sus movimientos sensuales y eróticos, me daba miedo y atracción a la vez, pero lo que más me impactaba es que Batman continuamente rechazara el acercamiento de Gatubela, desde mi mundo de cinco o seis años no podía comprender por qué el rechazo, yo podía entender que Gatubela era mala mientras Batman era bueno, hasta ahí bien, pero también pensaba que si Gatubela lo amaba, y el amor era bondad, entonces el amor podía convertir a Gatubela en buena, solo había que darle una oportunidad, y me molestaba tremendamente que no lo hiciera, me parecía injusto, más aun, no propio de un justiciero. Batman y Robin vivían en una mansión, donde aparte de Alfred el anciano mayordomo, vivía una mujer, la tía, que por su edad, ya había cruzado la menopausia, esto quiere decir que las únicas personas activas sexualmente eran Batman y Robin, pero su sexualidad ni por asomo se manifestó nunca. No estoy proponiendo que la serie, la imagen de Batman fuera pornográfica, pero la vida estaba siendo mostrada como un arquetipo a niños como yo, que de alguna forma un tanto subliminal recibíamos y aun reciben –los niños de hoy- conceptos fundamentales de la sexualidad desde su más tierna infancia a través de la televisión, posteriormente se fue viendo la necesidad de humanizar un poco más a los personajes televisivos, tal es el caso de los Picapiedra, donde tanto Pedro como Pablo están casados y tienen hijos, sin embargo es de notar que ambas parejas dormían en camas separadas, otra ves vemos claramente la negación de la sexualidad. Volviendo al dúo dinámico, nunca entendí cómo, ante el llamado de emergencia del alcalde, estos tipos se lanzaban en un tubo de bomberos y aterrizaban vestidos de látex como si fueran condones, ¿Es acaso posible desvestirse y ponerse un traje de látex cuando se está en caída libre? Lo peor es imaginarse que para tal evento debían soltarse del tubo y entonces, ¿Como no se estrellaban contra el suelo? Es inquietante ponerse a pensar que nunca conocimos el dormitorio de
Batman ni el de Robin, ¿Será que dormían en una misma
alcoba? Y si la respuesta es si, ¿Porqué nunca pudimos conocerla?
Muy extraño. Pero si conocimos a profundidad la Baticueva, ¿Por
qué la Baticueva? Oscura, lúgubre, bizarra, un poco sado
masoquista.
Pero no he hablado de Robin, Robin el eterno perdedor, el segundón, sin chance alguno de ser, destinado a ser el macho Beta por siempre, siguiendo al macho Alfa: Batman el hombre murciélago. La misión de Robin pereciera ser esa: nunca ser autentico, nunca proyectar su personalidad, el condicionamiento al poder oscuro y bizarro de un tipo irresuelto, que esconde su rostro en la mascara de un ser casi vampiresco: el murciélago, que es a la larga la personificación misma del capitalismo, del establishment. En algo quiero ser enfático, no estoy en contra del homosexualismo ni en contra del lesbianismo-, pero si estoy en contra del mensaje poco claro, del discurso que instaura la doble moral, del concepto arcaico de esconder la sexualidad toda vez que es pendenciera y pecaminosa, contra eso, con el perdón de Batman, lucharé toda mi vida. Así, entre mensajes subliminales de un eros que conduce al homosexualismo
solapado, sugiero vehementemente que se le pida a Batman una declaración
pública de sus tendencias, gustos y afinidades en su vida personal,
ya que por desgracia, es un personaje público, y como tal, se verá
siempre sujeto al escrutinio de una sociedad compleja y postmoderna: la
nuestra. |
Versión Impresora | |||||||||||||||
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