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o Los Expresidentes huyendo por entre la Calle de la Amargura

Texto y Fotografías por Javier Martín

 

La otra noche me pareció ver a Angelus y Angelicus ex presidentes de Costa Rica en la Calle de la Amargura, parecía que andaban huyendo de la ley, peleaban entre ellos por los mejores espacios para esconderse detrás de los recipientes de basura más grandes, su objetivo era ocultarse de los policías que andaban tras ellos para encarcelarlos por orden del Ministerio Público.

Los piedros, los pípis, los grifos y los que juegan de normales inclusive, estaban molestos, ya que su presencia perturbaba el frágil balance en la dinámica del ecosistema.

-“Angelus, tapáme”

-“No no Angelicus, ¿Ques la vara, no ves que no hay campo?

Angelicus salió entonces corriendo hacia la universidad para que no lo atraparan, ya que es autónoma, y la fuerza publica respetuosa de ese hecho, ingresa solo con permiso.

Pero entonces pasó lo que era de esperar, la gente, los que pagamos impuestos, los que debemos apretarnos la faja, bajar nuestro nivel de vida por lo caro que está todo, comenzamos a colaborar con la policía, eso fue interesante. Pudimos ver al hampa denunciar la ubicación de los ex presidentes, hay una veta de bondad y dignidad en todo ser humano, sobre todo si está expuesto a la vida en la calle. Entonces observamos a unos diputados en sus autos de lujo intentando ayudarles desde lejos, cubiertos sus rostros con pañuelos para proteger sus identidades, ya que el pueblo se había sublevado y tomaba las armas para atrapar a los corruptos que venían saqueando al país con todo tipo de negocios oscuros, prohibidos y malolientes, mientras las calles, la salud y la calidad de vida en Costa Rica se deterioraba, se erosionaba.



Los sucios políticos que habían saqueado a Costa Rica eran denunciados y apresados, pero ciertos diputados insistían en preservar de alguna manera el estado de las cosas bajo la mesa, sucios pactos en la Asamblea conservaban en sus puestos a empleados públicos de probada insolvencia moral, porque eran parte de un ajedrez político adosado con todo tipo de ganancias paralelas y colaterales que alcanzaban para todos los vivillos, pero que significaban dejar a las clases más desposeídas de este país en el desamparo, auténticos genocidas.

En la oscuridad de la fábrica semidestruida que antes fuera industria de la ropa y hoy la zona desértica y tenebrosa de La Calle de la Amargura, las siluetas negras de los expresidentes se vislumbran en la opaquedad de la penumbra, sus respiraciones agitadas mientras huían quebraban el silencio cual cristales sangrantes de indignidad y oprobio, los graffitis de las paredes abandonadas a la suerte de Dios daban al paisaje un tono lúgubre, patético y sórdido, pero quizás las figuras desesperadas de los expresidentes en fuga fueran más horripilantes que todo el entorno, o talvez la conjunción de estos y aquellos, más la muchedumbre, hacían del cuadro una escena Dantesca, histéricamente surrealista, que hacía temblar y causaba nausea.

En las esquinas de la calle de los graffitis, estos comenzaron a opinar entre ellos, decían sobre asuntos de mucha trascendencia para ser graffitis, como los resultados de la persecución, el estado de la Nación luego de estos tristes eventos. Una figura del Che dibujada en la pared gritaba: -“¡Revolución! mientras un panfleto de José Maria Escribá de Balaguer rogaba: -“Perdonadlos”.

Al bordear la calle que cruza frente al Liceo Vargas Calvo un grupo de patrullas bloqueaba el camino, era el fin, años de lujo, opulencia y despilfarro, todo con dinero de los trabajadores Costarricenses tocaba a su fin. Unas frías esposas metálicas clausuraron sus otrora prestigiosas carreras políticas y eran el tiro de gracia para su antigua investidura patriarcal, como cualquier delincuente, eran ingresados en los vehículos de transporte de los presuntos implicados llamados “Perreras”.

La luna de octubre circundaba la elipse correspondiente al estado astrológico que predijo esta escena en las cartas de la rubia Annete que solía lanzarlas a los amigos, mientras los músicos tocaban al aire libre en la esquina de Guillá, una noche en que vimos pasar huyendo a los expresidentes.

En el centro penitenciario “La Reforma” pernoctan dos expresidentes en celdas separadas y aisladas del resto de los internos que juraron desollarlos vivos ante la mínima oportunidad.

 

 

Hoy los graffitis dan cátedra a la Sociedad Civil desde el día que eliminamos no solo a los políticos corruptos de Costa Rica, si no también, a los moralistas, beatos, conservadores, retrógrados, arribistas sociales, maestras amargadas y demás lumpen, que fueron quienes los engendraron, y que solían llamarse buenos honestos y honorables.

 

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