Texto y Fotografías por Javier Martín
La primera impresión que se tiene de la famosa calle es la de una calle hiper transitada de estudiantes, atiborrada de barcitos, cafés, fotocopiadoras, pizzerías, sodas, librerías, y un bullicio que no cesa, una algarabía sin embargo acompaña a ese bullicio, es el aroma a juventud, el aire universitario que se respira en el ambiente, la diversidad de géneros intelectuales y vivenciales que se aprecia por doquier, allí encontramos a los "Gotics", con su pintura de labios negra y su maquillaje lúgubre, encontré a los "soda", ergo: los chicos bien intentando aparentar ser muy malos y destructivos, también pude visualizar por allá el grupo de la clase media - media baja, gastándolo todo en las Nike, los jeans, la plasticada, en un proceso interminable de cotorreo y pavoneo étnico, que recuerda y aun supera los más estrictos códigos de la danza marital de los Bororo del norte de África. En una esquina tratando de mantener un perfil bajo, encontrás a los ex comunistas, los ex mensajeros del antiguo nuevo evangelio social, amigos del cristo revolucionario, el cristo casi "Latin Lover", el cristo fumador de habanos, de dialéctica materialista y aficionado a la teología de la liberación, estaban todos allí, convertidos unos en empresarios turísticos depredadores del ecosistema, y convertidos los otros en conservacionistas de café y tostel, depredadores de la sociedad, -" igual, incólume se mantuvo su tradición depredadora una vez que cerró la sucursal local del sueño comunista"- pensé. En uno de los cafés observas a los casi intelectuales y casi artistas, que se confunden con los casi poetas y los casi bailarines, aquellos que eran los mismos hace veinte años, solo que hoy tienen canas, canas como las mías. Pero seamos francos: lo mejor, lo más hermoso de la Calle de la Amargura en San Pedro es el desfile de "güilas o nenas", (en Costa Rica, Güila significa niño niña o joven hermosa), bellas féminas tatuadas en la cadera, el colmo del disfrute voyeristico, ese placer primal, condición ineludible del ser humano en su forma masculina, ese grito sexual, ancestral, mezcla de centauro y Neandertal, que se transfiere genéticamente al presente, proveniente de un pasado salvajemente arcaico, los tatuajes, el primitivo tabú, el marcaje tribal, es hoy símbolo de status…. Lo paradójico que resulta el hecho de que recientemente la antigua condición desdeñable de tatuarse, signo de conductas impropias de gente bien, asociado a marineros de los siete mares, de criminales libres por "in dubio pro reo" es ahora lo mas "cool" posible para la sociedad.
Súbitamente cambió el paisaje, ya desde mi balcón no se ve más el mar y la selva, ahora mi balcón tiene un paisaje distinto, no por ello mejor ni peor, desde mi balcón se observa el volcán Irazú, un poco del Barva, un pedacito del cerro La Carpintera, y una visión casi total de la Calle de la Amargura. en todos los artículos las fotos clic |
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