Era una mañana de sol esplendoroso como otras tantas que suceden en San Pedro, había ya terminado mi segunda taza de café, había avanzado bastante en la faena del día desde mi casa, trabajaba en mi ordenador cuando llamó Rachelle Esna: Apareció bajando de un taxi vestida de madre tierra, literalmente embarrada, enlodada, con una corona de bejucos, florcillas y ajos, quería que le tomara fotos. Mientras tomaba las fotos, pensaba en cuanto habíamos cambiado con el pasar del tiempo, ella había crecido, volaba desde hacía tiempo, pero yo no había terminado de incorporarlo, ya no era una niña que quería ser mujer, era una mujer que quería ser niña. Volver al útero cósmico e iniciar de nuevo, la propuesta de la madre tierra aunque ella no me lo dijera, representaba el retorno a sus raíces, retomar a la estructura terrestre, el lodo primigenio que era origen de todo lo creado y hasta de lo no creado aun, y lo incorporaba en forma de barro en la piel, sensor y coraza con la que le tocó venir a este mundo, en este pasaje, como otro proceso más del ciclo natural de la vida y la muerte. Desde un ángulo más obvio y evidente, el tema de la madre naturaleza alcanza un grado muy relevante en el presente, cuando el calentamiento global acompañado de cataclismos climatológicos mundiales, finalmente hace comprender a la humanidad lo grave de la situación. Pienso que hace veinte años, cuando yo tenía su edad, los conservacionistas en Costa Rica no éramos considerados más que como hippies que se resistían a la muerte del movimiento ideológico, y siempre fue paradójico, durante el esplendor del movimiento hippie, yo tenía 5 años de edad, no tuve oportunidad de ser hippie. Pero ajeno al hecho de no haber sido en verdad hippie porque era muy niño para ello, esta estúpida interpretación, esta absurda concatenación: conservación igual hippies, prolongó el periodo de daño a la naturaleza de forma peligrosa toda vez que fomentó en el común de la gente, una absoluta despreocupación por el tema. Pero seamos francos, el afán desmedido de enriquecimiento a toda costa, sin medir consecuencias a largo plazo, por parte del hombre posmodernista, ha sido y seguirá siendo el eje por sobre el cual se avasalla a natura hasta extremos como el actual. ¿Paralelismo extemporáneo entre su proceso y el mío? ¿O más bien una verdad que se prolonga a través de las generaciones? |
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