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Ella tomó un caracol que se encontraba adherido al coral, sus rasgos indígenas se fusionaban con el entorno cubierto de grises y ocres del arrecife, con seguridad y rapidez lo acercó a su boca y sopló con firmeza, en el pequeño recipiente que se forma en la entrada del caracol -al estar este encerrado en su concha- afloró un liquido amarillento, tomó una madeja de algodón hilado con anterioridad, y derramó dicho líquido en la madeja, al momento no se notaba nada, pero unos minutos después inició un proceso de transformación del color lento y paulatino, de verde tierno y apenas perceptible, hasta el más profundo e intenso púrpura o morado que haya yo visto antes producido por un agente natural.

-Es así como el algodón se tiñe de color morado, con este caracol y de la forma que vio.

Al decir esto me sonrió, con sus rasgos indígenas y su mirada apacible, luego regresó el caracol a su sitio.

El lugar: Piñuelas, una playa en el pacifico sur de Costa Rica, 64 Km. al sureste de Quépos, a 26 Km. al sur de Dominical, para llegar a esta zona podemos hacerlo por dos vías distintas, una es siguiendo la ruta que pasa por Jacó, Parrita, Quépos y Dominical, y la otra es tomando la interamericana sur y al llegar a San isidro del General, nos desviamos hacia la costa, en ruta a Dominical. Piñuela es el límite sureste del Parque Nacional Marino Ballena, porción de mar que se ubica entra Punta Uvita y Punta Piñuelas, en Quépos, provincia de Puntarenas.

A nuestro alrededor, las olas del mar golpeaban nuestras piernas con regular intensidad, con el ímpetu de una marea en crecimiento, era por tanto poco el tiempo que nos quedaba para dicha experiencia, pronto el mar tendría cubierto todo el arrecife, ella repitió el proceso unas cuantas veces más con certeza, yo intenté hacer lo que ella hacía con los caracoles, sin embargo, tras unos pocos intentos ni una sola vez logré hacer que el caracol exudara dicha sustancia, pocas veces me he sentido tan frustrado por algo que no pude hacer como en este caso, en poco tiempo las olas del mar nos hicieron salir del arrecife con determinación, aunque mojado de la cintura hacia abajo, me sentí muy satisfecho con la experiencia.

Playa Piñuelas es uno de los puntos en los cuales se puede encontrar dicho caracol, no es el único lugar, otros a su alrededor también albergan a esta especie, lo necesario es la presencia de arrecife, hábitat del caracol. En el caso de Playa Piñuela, para llegar al sitio donde se encuentra el caracol, nos dirigimos al sector sur de la playa, luego de caminar por un sendero durante unos diez minutos este desemboca en el arrecife.

De fácil acceso, Playa Piñuelas cuenta con los servicios básicos para atender al turista nacional y extranjero, la vegetación es exuberante y sus pobladores son gente muy amable. Este lugar alberga una zona de vida de bosque muy húmedo tropical, una rica flora marina, la precipitación media anual es de 2700 mm; la estación seca de Enero a Abril. Es el punto más septentrional en el que se reproduce la ballena jorobada.

Rápidamente recogimos nuestro equipo e iniciamos el recorrido de vuelta a la playa, en el sendero ella continuó:

-Mi pueblo casi pierde el conocimiento de estas y muchas otras cosas más, herencia de nuestros ancestros que hoy luchamos por rescatar e inculcar a las presentes y futuras generaciones-. Al decir esto un armadillo apareció en el sendero sin percatarse de nuestra presencia, fue por el ruido de nuestros pasos que nos ubicó, sin por ello sentir miedo alguno, lejos de ello mostró la más grande indiferencia, y continuó hurgando con su hocico la hojarasca.

Su comentario me hizo retroceder en el tiempo 500 años, cuando sus ancestros realizaban la misma labor, en completa armonía con la naturaleza, intenté con cierto éxito vivenciar los tiempos en que la etnia de los Borucas realizaban dicha labor con paz y tranquilidad, es muy interesante observar que la extracción del colorante se realiza sin afectar en medida alguna la población de caracoles, permitiendo esto la constante utilización de dicho recurso durante el año. Vemos como los grupos indígenas poseían y poseen técnicas que hoy damos en llamar “sostenibles”.

Sin embargo la imagen idílica en mi mente fue rápidamente sustituida por otra, la imagen de este y otros pueblos de las cercanías siendo esclavizados por los conquistadores españoles, a través de trabajos forzados en la elaboración de algodón morado.

Costa Rica nunca tuvo grandes yacimientos de oro y plata, era poco lo que podía esta tierra tributar a la corona, entre las pocas cosas estaba el algodón teñido con el caracol múrice, este luego era enviado a la corona española como tributo, ya que el morado era, y es en la actualidad, un color muy utilizado por la iglesia católica.

La vegetación en el sendero, y por ende asumo en los alrededores, es típicamente selvática, característica de bosque muy húmedo tropical, con predominante influencia de la flora suramericana. El piso del bosque estaba cubierto de hojas ya que nuestra visita ocurrió en la época seca, es prudente no adentrarse en este ni otros senderos cuyo piso este cubierto de hojas sin el auxilio de un guía local, esto por cuanto la posibilidad de un ataque de serpiente -aunque por lo general remota según mis años de experiencia- existe y debe ser considerada, si no obtiene la ayuda de un guía, puede adentrarse pero con un palo largo y tocar, cual si fuera un no vidente, la hojarasca uno o dos pasos adelante para verificar la no existencia de serpientes. Esta simple regla, nos garantiza un paseo seguro y agradable a este y cualquier bosque en el neo trópico.

Al regresar del arrecife pudimos degustar una exquisita comida preparada por gente de la comunidad Boruca, ellos hicieron esta demostración ante el equipo europeo para el cual yo trabajaba en ese momento como guía, interprete y cuanta cosa hiciera falta para la realización de un documental que estaban filmando sobre Costa Rica. Entre los diversos caracteres de los miembros de este equipo de filmación sobresalía por su parsimonia el director: Peter, personaje como salido de otra época.

Durante el almuerzo tuve la oportunidad de conversar con doña Margarita Lázaro, líder comunal que inició el proceso de recuperación cultural que hoy se proyecta como una alternativa viable para la comunidad Boruca. Me explicaba cómo se dieron los primeros pasos en la producción de textiles elaborados enteramente a mano, con algodón colectado en el campo, hilado, teñido con el caracol y otras plantas y tierras tinctorias.


Estos textiles son de gran belleza, y tienen la virtud de ser absolutamente autóctonos y elaborados con materiales naturales, sin embargo existe aflicción porque no pueden competir por precio con otras artesanías y textiles elaborados con tintes sintéticos de mucho menor valor económico y que por tanto se venden a menor precio. Definitivamente el mercadeo de estos artículos requiere de una buena dosis de mercadeo y en este punto, es poco lo que se puede lograr desde la lejanía y aislamiento del pueblo Boruca.

Creo que este es un proyecto que todos debemos conocer y apoyar, debemos entender que la conservación del bosque debe acompañarse de la conservación del legado cultural, el conocimiento ancestral en etnobotánica de grupos humanos que han interactuado por milenios con la naturaleza, de lo contrario, estaremos perdiendo el poco conocimiento que aun queda encerrado en el folclor de estas gentes.

Caía el sol en el horizonte marino clavando destellos dorados y rojos en el bosque, los Boruca habían partido, de ellos solo se veía a lo lejos el vehículo fusionarse con el verdor que enmarcaba la playa, a mi alrededor se iniciaban secuencias de sonidos que avisan la llegada de un nuevo capitulo nocturno en el bosque, el canto del búho, el chotacabras y el batir de alas de los murciélagos, guiaban mis pensamientos, con ellos, y el pasado de los Borucas y de todos los costarricenses, pensé en algún día escribir un articulo, cavilaba en esto plácidamente cuando la voz de Peter, el flemático Inglés me arrancó del letargo.
-¨ Are you ready man?
- Yes I am. –Dije - subí a nuestro vehículo, cerré la puerta, e inició el recorrido en ruta a nuestro siguiente destino.

Versión Impresora    
 

 

 

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