Texto y Fotografías por Javier Martín
Un año después Cuando caminan juntas por entre la Calle de la Amargura se paraliza el transito, dos beldades juntas es muy inusual y por demás perturbador para nosotros los hombres centauro. Ensayamos la música y en un futuro cercano haremos una que otra presentación. Las veo y disfruto su juventud, sus sueños de
crecer y ser felices. Las veo jugar con sus mentes, con su lenguaje corporal, las observo observarse, observo que me observan. Veo como tratan de capturarme con preguntas capciosas, algunos de mis amigos no lo soportan y huyen cuando ellas se juntan, son una mezcla de “mucho” con “demasiado”. A veces ocurre que practican conmigo la lucha libre intelectual, cuando en el cuadrilátero mental nos hemos revolcado en el lodo del conocimiento, a menudo en un juego de dos contra uno, y ocurre que a veces alguno de mis amigos se mete, entonces le pican a este los ojos, le aplican la silla eléctrica y lo cierran a patadas voladoras, una vez saciadas sus inquietudes y curiosidad, se arreglan, se maquillan arrebatadoramente, se visten con sus trajes de vampiresas y tigresas y salen a explorar y divagar por entre los mundos nocturnos, en el mundo del glamour. Pienso en los noveles muchachos centauro que probablemente caerán en sus garras esta noche, quizás sufran el cocimiento a fuego lento que suelen practicar solo por diversión, porque les encanta ver aflorar al centauro agónico en los hombres. Río para mis adentros y pienso en la sabiduría de la vejez, bendigo mis cuarenta y escribo estas líneas para registrar los eventos históricos. En la soledad de mi estancia, con la maravillosa vista de la arboleda, observo desde mi ventana a uno que otro transeúnte que se desdibuja entre la bruma nocturna de un Mayo lluvioso, con lentitud tomo un sorbo de café antes de continuar mi labor, y recuerdo a mi amada que se fue hace poco más de un año y una lagrima recorre mi mejilla, la seco con mi mano libre y sonrío, porque el dolor se puede traducir en paz con solo permitir la aceptación de la perdida, por mucho que duela, el luto es parte de mi. Y así en medio de una vida prolija y llena de
bendiciones, las vidas de quienes me rodean, en este caso mis bellas amigas
discípulas, con su belleza y lozanía, con su juventud rebosante
de esperanzas e ilusiones, me recuerdan que el tiempo fluye, que tarde
o temprano moriré y quizás este sitio permanezca como un
testigo fiel de lo que fue mi vida, nuestras vidas, e imagino la vida
continuar al pensar que ellas hacen que el sitio permanezca, una vez que
yo haya partido hacia el más allá. |
Versión Impresora | |||||||||||||||||||||||||
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