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Texto y Fotografía por Javier Martín

Fue antes de la cirugía en la espalda, sabia que tendría que operarme y temía que de alguna forma, al manipular el médico mi médula espinal para remover las hernias, me produciría un riesgo que no quería enfrentar sin haber conocido antes Hitoy Cerere. Este, es un santuario de la vida silvestre en baja Talamanca, Costa Rica, Hitoy Cerere es la puerta de ingreso al mundo de los Cabecar, etnia muy cercanamente emparentada con los Bri Bri.

 

Pese al dolor constante en mi espalda, caminé mucho durante esos días, al primer día luego de mi arribo, recorrí el río hasta llegar a la cascada, lugar paradisíaco al que se llega luego de una caminata de una hora de duración. En el camino, un Ave Sol me acompañó por largo rato, sus colores, su andar despreocupado y casi insolente tan cercano a mí, me llamaron la atención. Pero lo que más me cautivó y jamás podré olvidar fue el vuelo lento, preciso y apacible del halcón blanco, ave rapaz de blanco inmaculado que cual espíritu alado del bosque también acompañó parte de mi recorrido.

Hitoy Cerere significa en el dialecto Cabecar: río de aguas cristalinas y piedras lanudas o resbalosas.

Zona de vida: Bosque muy húmedo tropical, alta precipitación, una atmósfera cargada de una luz diáfana, en el aire se siente una fuerza magnifica como el reducto que es de grandes y místicos personajes del mundo de nuestros indígenas.

Luego de cuatro noches de cenar juntos, Santana seguía callado y taciturno. De rasgos firmes, su faz indígena se desdibujaba en la penumbra de una estancia iluminada pobremente por la luz de las velas, afuera, al casi terminar el crepúsculo, el canto de los chotacabras infundó algo más que temor en mi, ante lo ignoto de la selva tropical, recordé lo agreste y peligroso que se torna el bosque de noche, momento donde la “Terciopelo” víbora mortalmente venenosa (botrops asper), se enseñorea por entre “su” territorio en búsqueda de presas para su alimentación, por suerte el Sistema Nacional de Áreas de Conservación existe – pensé – en lo que en aquel entonces se llamaba reserva biológica y que hoy tiene la categoría de parque nacional, se cuenta con una casa para los guarda parques, instalaciones mínimas para pernoctar y pasarla bien, a resguardo de la selva.

Ya solo me quedaba esa noche en Hitoy Cerere y Santana seguía muy hermético, originalmente de la etnia Bri Bri, se había unido con una mujer de la etnia Cabecar y por costumbre el hombre pasa a vivir con el clan de ella, en la reserva indígena de Tayni, colindante con Hitoy Cerere.

No podía esperar más, partiría al día siguiente para puerto Limón de regreso al hotel.
-Santana –le dije luego de invitarle a un cigarro- yo soy de la creencia que nuestra cultura, a los que llamamos el hombre blanco, ha cometido muchas injusticias y errores en el pasado con sus ancestros, y al presente también se cometen muchas injusticias, por esto yo me he visto atraído por su cultura, para entender sus costumbres y creencias y así ayudar de alguna forma a hacer de este un mundo mejor. Para ello quiero hacerle unas cuantas preguntas sobre sus creencias y costumbres para anotarlas y escribir posteriormente.

Con amabilidad indicó con un gesto de aprobación su anuencia a la entrevista, la cual transcribo fielmente para mantener lo más puras posible, las interpretaciones que sobre Dios, la Vida, el Cielo, la Tierra, la Familia y los Hombres hace este indígena de Talamanca.

Por último, quiero recalcar que esta entrevista ocurrió en 1992 o 1993, apenas uno o dos años después del terremoto de Limón en 1991, y el epicentro: “Telire” se halla a unos pocos kilómetros de Hitoy Cerere, y las consecuencias: trozos de bosque desgajados de la montaña eran evidentes

Javier Martín. ¿Cómo ven ustedes a Dios? ¿Dónde vive Sibu? (Se asombra al ver que utilizo el nombre Sibu).
Santana: Ustedes dicen que Dios está en el cielo, pero nosotros creemos que Dios, Sibu, está en todo lado, Sibu es como el viento que recorre el bosque.

Javier Martín: ¿Quién es el dueño de los animales? ¿Es Sibu?

Santana: No, cada animal tiene su dueño, por ejemplo el dueño del danto cuida sus dantos y cuando son bebes, como tienen manchitas en su pelo y parecen ayotes*, entonces el dueño de los dantos siente que son suyos, y los cuida como a sus ayotes.
*Ayote: calabazo (cucúrbita melo)

Javier Martín: Estos dueños de los animales, ¿Son buenos o malos?

Santana: Ni buenos ni malos, ellos cuidan a los animales, son muy celosos con ellos, se enojan por ejemplo si uno es un mal cazador, ya que al dejar herido al animal este sufre. Hay un cuento de un hombre que era mal cazador, una vez que iba cazando por el bosque se perdió y llegó a un lugar que tenía un jardín muy grande y muy hermoso, entonces vio una casa muy grande, y vio salir de ella a un hombre muy grande y hermoso, era el dueño de los dantos, estaba bravo y le dijo: UD es un mal cazador, usted es el que hiere mis dantas sin matarlas y por ello ellas sufren una muerte lenta y nadie come nada, esto debe terminar, si usted no aprende a cazar bien, iré por usted y lo castigaré.

El hombre salió asustado corriendo y luego de andar encontró el camino y nunca más volvió a dejar una danta mal herida, siempre se cercioró de que estuviera muerta.

Javier Martín: ¿Y el dueño de la terciopelo?

Santana: Ah, ahí si, ese dueño es malo, ese dueño se llama Busubrú, usa un arco hecho de una serpiente y la cuerda es otra serpiente y cuando la serpiente ataca en el mundo real es porque Busubru le lanzó a uno una flecha que es la serpiente que lo muerde a uno. Pero si a uno no le toca morir lo puede morder una terciopelo que no se muere, pero de lo que si uno no se salva si le toca morir es por el tigre de agua.

-al decir esto su mirada se tornó inquisidora y se quedó en silencio esperando mi reacción-
Javier Martín: ¿El tigre de agua? Yo nunca había oído acerca de ese animal ¿Podría usted contarme un poco más?

Santana: El tigre de agua es un animal grande y feo, del ombligo para abajo parece un puma, del ombligo para arriba parece un monstruo, muy feo y lleno de pelo, de su boca sale sangre constantemente y tiene unos dientes enormes. El tigre de agua es un animal que nunca se muestra, uno nunca lo ve, y si lo ve, es cerca de un río, y si lo ve, es porque va por alguien, si esto es así, el tigre de agua puede pasar a su lado y este no le hará nada, no va por usted, pero por el que va, ese no tiene forma de salvarse. Hace unos años veníamos de misa unos hermanos míos hijos de una tía*, estábamos cruzando el río (Telire) y al ir como a la mitad en fila, un hermano mío hijo de una tía que estaba al principio atrás en la fila, apareció delante nuestro, el tigre de agua lo tenía sujetado en sus fauces y todo a nuestro alrededor se hizo confusión y espuma, nosotros intentamos arrancar a nuestro hermano de los dientes del tigre de agua pero el animal es muy fuerte, se hundió, desapareció de nuestra vista, a los pocos instantes apareció otra vez y como manera de despedida nos hizo gestos y desapareció por completo. Al día siguiente lo fuimos a buscar río abajo y lo encontramos en una vega del río, muerto y sin una gota de sangre. Yo antes he contado esta historia y el hombre blanco se ha reído y burlado.
(Nótese la relación filial, toda vez que el concepto de primo es inexistente y es sustituido por: “hermano hijo de una tía”)

-Al decir esto fijó su vista en mí fijamente, escudriñando, sospechando una reacción de burla en mí. Con rapidez respondí:

Javier Martín: Bueno… la historia es impresionante, de seguro difícil de creer, pero si usted lo ha visto, y lo asegura, no soy yo quien para poner en duda sus palabras, quizás en un futuro no muy lejano podamos recorrer el bosque y eventualmente ver al tigre de agua, aunque no me gustaría que venga por mi en ese caso.

Ambos reímos de mi pequeña broma, el clima de tensión desapareció, la confianza se había establecido, con soltura empecé a preguntar sobre el lenguaje, me instruyó por el resto de la noche algunas palabras del Dialecto Bri Bri y del dialecto Cabecar, entendiendo en el acto lo cercanamente emparentados que están ambos grupo étnicos ya que muchas de sus palabras son muy parecidas.

Fue esa vez cuando aprendí que en el dialecto Cabecar “ara croa” significa mujer que a la vez significa amor. Tal sabiduría encuentro que es profunda y en cuanto al tigre de agua, ¿mito o realidad? claramente tiene que ver con lo que en Antropología llamamos tabú, un mecanismo de conciencia colectiva que incentiva la armonía de un grupo humano con su entorno, es decir con su casa, que en griego se dice “oikos” y que es la raíz etimológica de una palabra que está muy de moda en estos días: ecología, es decir: la ciencia que estudia la casa. Al no ser antropólogo mi análisis llega hasta aquí, considerando que el tigre de agua es un paradigma de la ética selvática si es que tal término puede ser acuñado.

Así, con nuevos conceptos (para mí) de lo que es el amor, la mujer y el tigre de agua según la cultura indígena, retorné a puerto Limón, donde posteriormente enfermé de lietchmaniasis (papalomoyo), y después enfermé de Dengue. Por suerte estas enfermedades no dejaron secuelas en mí más que unas cicatrices en uno de mis brazos donde estuvo el protozoario de la Lichtmania destruyendo mi piel y carne, y debo aclarar que estas enfermedades las adquirí en Puerto Limón y no en Hitoy Cerere, aunque bien pude haber sido infectado allí o en cualquier punto de la costa caribeña, ya que ambas son naturales del entorno.

De la operación en la espalda debo decir que sucedió unos meses después y fue todo un éxito.

Del tigre de agua, los Cabecar, el ave sol y el halcón blanco no he sabido más, periódicamente retorna mi mente al lugar, y en medio del bosque y la cascada imagino la figura del Tigre de Agua trabajando, cumpliendo con el rol asignado por la cultura del hombre, y me pregunto ¿Cuánto tiempo más vivirá?





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