Minutos antes de lanzar las monedas, había terminado de hablar con Carmen, esta le había dicho que mantenía una relación estable con otro hombre, finalmente, luego de un año, la verdad salía a relucir, con dolor escuchaba las palabras que sabía ciertas antes de haberlas escuchado. Mas de alguna forma sintió un gran alivio en su mente y sobre todo en su corazón, finalmente existía el dictamen de minoría, aquella verdad oculta y a la vez fundamental en la persona, que aclara y trae consigo la liberación del dolor, de la expectativa que quema el pecho al no cumplirse, libre se hallaba al fin de los fantasmas que le habían agobiado por tanto tiempo. Ahora las cosas eran entendibles. Sin mucho asombro por la capacidad de evasión de su amada, escuchó de ella los ultimos reclamos en los cuales explicaba que todo el fracaso de la relación era culpa de él.
Hizo más, ingresó en los mundos astrales y viajó por entre las ciudades perdidas de Lovecraft, donde el sol en eterno crepúsculo se refleja en los tejados de oro de los edificios góticos , y habló con los Elohim, e imploró el perdón para ella a fin de tener al menos la certeza que su viaje no incluyera el traslado en la barcaza de Aqueronte.
Por último, desamarró el collar de semillas del bosque lluvioso que pendían de su mochila de explorador, amuletos que habían sido colectados a travez de varios años por incontables exploraciones selváticas y andanzas aventurescas, expediciones que visitaban parajes y paisajes exhuberantes, -donde el jaguar y el aguila arpia vigilan el ecosistema desde lo alto de la cadena trófica- se lo puso a ella en el cuello y le bendijo con todo el amor que sentía por ella diciendole: -"klim krshnaya, govindaya, gopijana, vaya vaya sua", -antiguo conjuro en Sánscrito para librarla de todo mal- y con los ojos cerrados y el corazón abierto besó su frente, acarició su mejilla, y giró en redondo con su mochila al hombro hasta perderse en la bruma de la Calle de la Amargura. Y así nuestro héroe de historieta cibernética fue librado del pesar y el dolor, y volvió a nacer en él su verdadero ser: el mismo que alguna vez la enamoró sin percatarse, al ingresar en su oficina en un pasado no muy remoto, con su equipo de montaña pendiendo de sus hombros, desplegando vibraciones sensoriales a su alrededor y recorriendo con su mirada de depredador erudito, su alma frágil y etérea de niña mujer. Entendía finalmente que toda persona tiene que vivir una o varias fases del karma lejos de la luz, para así, a traves de la experiencia, retroalimentarse y poder tener la posibilidad de retornar algún día –si es que le corresponde- a su légitimo lugar, donde crecieron las raices, con la plena conciencia del acontecer, de sí mismo, y lograr de esta manera alcanzar los frutos anhelados, sin remordimiento ni titubeos que empañen la felicidad del momento. Sabía que de alguna forma ella, que había aprendido de él a volar, lo llevaría siempre consigo, porque como alguna vez él le dijo: -"Yo sé que vos te irás al aprender a volar, pero yo siempre estaré con vos, porque yo soy tus alas".
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