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Desde mis quince años, cuando encontré
en la biblioteca de mis padres un libro de Krishnamurti y leí un
poco, quedé absolutamente atrapado por su discurso, por su enorme
sabiduría, desde entonces, ha influido grandemente en mi visión
del mundo y de la vida, y por ello, publicar al menos una de sus respuestas
que diera en 1934, es en alguna medida rendir un tributo al maestro.
Javier Martín Editor CalleAmargura.Com
PRIMERA PLÁTICA EN LOS JARDINES
DE LA ESCUELA VASANTA
Pregunta: ¿Tendría usted la bondad de explicar
muy detalladamente qué entiende por su afirmación: “Sus
maestros son sus destructores”? ¿Cómo puede un sacerdote,
siempre que sea honesto en su propósito, ser un destructor?
KRISHNAMURTI: Señor, ¿para
qué quiere usted un sacerdote? ¿Para que lo mantenga moralmente
correcto? ¿Es por eso? ¿O para que lo conduzca hacia la
verdad? ¿O para que sea su intérprete entre Dios y usted?
¿O tan sólo para que practique un rito, una ceremonia de
matrimonio o de muerte, o la ceremonia de los domingos en la mañana?
¿Para qué necesita sacerdotes? Cuando averigüe para
qué los necesita, entonces descubrirá que son destructores.
Si ustedes dicen que un sacerdote es necesario para mantener recta nuestra
moral, ciertamente ya no son morales, aun cuando el sacerdote pueda obligarlos
a serlo; porque la moralidad no es compulsión, es una acción
espontánea. La moralidad no nace del temor, no está condicionada
por las circunstancias. La verdadera moralidad es comprensión espontánea
y, por lo tanto, acción. En consecuencia, creo que un sacerdote
es innecesario para sostener nuestra integridad. O si ustedes dicen que
es necesario como mediador, como intérprete, para conducirlos hacia
la verdad, entonces yo digo que ambos, ustedes y el sacerdote, deben saber
qué es la verdad. Para ser conducidos a alguna parte, ustedes deben
saber adónde se dirige, y el líder también debe saber
adónde se dirige; y si uno sabe dónde está la verdad,
no necesita un líder. Por favor, esto no es un razonamiento ingenioso.
Sólo se trata de hechos.
Pero ¿qué es, entonces, lo que ha ocurrido? Hemos preconcebido
qué es la verdad, en contraste, en oposición a lo que somos.
Decimos que la verdad es serena, que la verdad es sabia, infinita. Debido
a que nosotros no somos eso, hemos convertido eso en un opuesto y queremos
que alguien nos ayude a llegar allá. ¿Qué significa
eso? Significa alguien que nos ayuda a escapar de este conflicto hacia
algo que suponemos debe ser la verdad. Por consiguiente, el sacerdote
nos ayuda a escapar de las realidades, de los hechos.
El otro día estuve hablando con un sacerdote y me dijo que mantenía
su iglesia a causa de que había tanto desempleo. Dijo: “Usted
sabe, las personas desempleadas no tienen hogares, no tienen acceso a
la belleza, a la música, a la luz, al color, no tienen nada, sólo
horror, una vida espantosa; y si vienen una vez por semana a la iglesia,
al menos allí hay belleza, hay alguna quietud, algún perfume,
y se van apaciguadas por el resto de la semana y regresan nuevamente”.
Por cierto, ¿no es ésa la forma más grande de explotación?
O sea, este sacerdote en particular trataba de apaciguarlos en su conflicto,
trataba de aquietarlos, en otras palabras, de adormecerlos con respecto
a la posibilidad de que trataran de descubrir la verdadera causa del desempleo.
Ahora bien, si ustedes dicen que los sacerdotes son indispensables para
practicar los ritos, las ceremonias del cristianismo, averigüemos
entonces si esas ceremonias, esos ritos, son necesarios, ¿Son necesarios?
Como no asisto a ellos, no puedo contestar. Para mí no tienen valor;
pero para ustedes, que asisten a ellos, ¿son valiosos? ¿En
qué forma los benefician? Acuden a ellos en las mañanas
de los domingos, se sienten muy devotos, inspirados, lo que fuere, y por
el resto de la semana son explotados o explotan a otros. Sigue habiendo
crueldad y todo lo demás. ¿Dónde está, pues,
el valor, la necesidad de que haya sacerdotes?
Si dicen que el sacerdocio es un medio de ganar dinero, entonces lo pondremos
en una categoría por completo diferente. Si lo tratan tan sólo
como una profesión, tal como la de la armada, el ejército
o cualquier otra profesión semejante, entonces es una cosa muy
distinta, y las religiones con sus sacerdotes no son, en su mayoría,
otra cosa que eso: una vieja profesión.
Por lo tanto, si acuden a un sacerdote como maestro que ha de guiarlos,
yo digo que él es el destructor o explotador de ustedes. Por favor,
no tengo nada contra los sacerdotes cristianos o los sacerdotes hindúes,
para mí todos son iguales. Digo que son innecesarios para la humanidad.
Y tengan la bondad de no aceptar lo que digo como si fuera una autoridad
terminante para ustedes, una declaración dogmática. Obsérvenlo,
considérenlo por sí mismos. Si sólo aceptan lo que
estoy diciendo, también me convierto en el sacerdote de ustedes;
por lo tanto, seré su explotador. Mientras que si consideran la
cuestión en su totalidad, no de pasada sino completamente, verán
que las religiones con todos sus sacerdotes sectarios, mantienen de hecho
separada a la humanidad. Incrementan los horrores de la guerra, las diferencias
de clase, las nacionalidades y, por lo tanto, todas estas cosas que conducen
a los conflictos armados y a mayores explotaciones, en las cuales está
ausente el verdadero afecto, el verdadero amor, la verdadera consideración
humana.
30 de marzo de 1934
Prólogo.....................................................................
| Tomado del Libro: J.
KRISHNAMURTI
OBRAS COMPLETAS AÑOS 1933-1967 |
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Tomo II
(1934-1935)
¿QUÉ ES LA RECTA ACCIÓN?
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Traducido del inglés por
Armando Clavier
EDITORIAL KIER S.A.
Avda. Santa Fe 1260 |
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