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Texto y Fotografías por Javier Martín

Estaba muy cansado, agotado al extremo, había tenido mucho trabajo, muchos grupos de turismo le habían sido asignados en esa época, curiosamente era temporada baja de turismo pero su renombre como guía le generaba mucho trabajo, aunque mal pagado, un ingreso de miseria para ser preciso, y bueno, era mientras tanto, mientras levantaba su sitio en Internet de turismo naturalista, por eso no era en este momento importante lo exiguo de sus ingresos, además, estaba su pequeño hijo de 4 años, trabajando con esta compañía mediocre y explotadora -cuyo dueño además se vestía de moderno “Che Guevara"-, podía permanecer más tiempo con él y verlo crecer, estar a su lado cuando se cayera de la bicicleta, y curar sus heridas con peroxido de hidrogeno y un besito en la herida recién tratada si fuera el caso. Por eso trabajar solo el sector Tortuguero de los tours era conveniente.

 

No quería trabajar esa vez, pero le habían dicho que este era un grupo de filmación de un canal de televisión llamado Animal Planet y que no había más guías, y que –“por favor es que te necesitamos y es la televisión, esto es muy importante para nosotros.

Llegó en el microbús a la mañana siguiente al hotel para recoger el grupo e iniciar el viaje, esperaba encontrar un equipo de filmación, pero aparte de una persona con una camarita de video, no halló más equipo, y entonces preguntó a la persona que lideraba el grupo por el equipo de filmación y esta le dijo que no, que este era un grupo de turistas que habían llegado a Costa Rica a disfrutar, y que uno de los pasajeros solía filmar y ocasionalmente vender dicha filmación a algún canal de televisión, mas no era ni por asomo un equipo de filmación del que estaba compuesto el grupo, eran simples y sencillos turistas.
Otra vez –pensó- otra vez la información dentro de la compañía era ambigua, chabacana y poco seria, otra vez le habían afectado por la total ineficiencia con la que se manejaba la compañía y dijo para sus adentros: -Bueno, pero los pasajeros no tienen la culpa de esto y vamos a tener un viaje muy agradable.

 

Ingresó al microbús y de golpe se encontró con ella, una belleza de mujer, exótica figura, su rostro denotaba rasgos amerindios y árabes a la vez, sus ojos de un brillo intenso le clavaron su mirada al saludarlo con amabilidad y en un ingles con un dulce y exquisito acento californiano le dijo: -“ Hola, usted parece ser nuestro guía”. El observó lo profundo de sus ojos y sintió caer por un instante en un hueco negro, sobrecogido por tan intensa y poderosa mirada le dijo con extrema suavidad que si, en efecto era su guía, mi nombre es Alejandro y estoy para servirle.
- Por lo que veo es usted un experto-. Por un instante pensó que ella hacía alusión a lo que todos solían hacer alusión apenas lo veían por primera vez: su indumentaria y equipo, que era abundante y notoria, pero algo en esa mirada le decía que su comentario iba más allá, que por sobre toda esa parafernalia de montañismo y arquetipo de hombre de la selva que proyectaba, ella hablaba de otras virtudes y cualidades que no eran fácilmente visibles al ojo de toda persona, todo indicaba que estaba frente a una mujer de enormes cualidades. Con presteza y cordialidad contestó:

 


-“Bueno si, llevo varios años estudiando la historia natural de nuestros bosques y algo he aprendido de ello”.
-“Yo quiero aprender, a eso vine”- le dijo ella con candidez, -Quiero conocer las selvas húmedas, ver el desove de las tortugas, conocer los quetzales y la cultura de este país, mi padre es Mexicano, y él me ha enseñado un poco de español, me atrae mucho la cultura latina, la cultura de “mi gente”.
Lo que escuchó bastó para prenderse de ella.

El viaje sucedió con placidez, discurriendo entre la historia natural, la geografía y el entorno cultural de los lugares por donde pasaban, al llegar a Tortuguero y una vez instalados en sus habitaciones, el tiempo transcurrió veloz y alegre, entre traslados por los canales viendo la fauna, disfrutando almuerzos y cenas agradables con gente muy simpática, a los que asustaba un poco el mundo de la selva, y que interpelaban constantemente al guía con preguntas interesantes y celebraciones de lo bien que iba transcurriendo la experiencia, llegó la primera noche y terminaron hablando en su habitación de guía, con el canto de los grillos y la fauna nocturna, a la luz de la luna llena de setiembre y él le fue claro y conciso al hablar del código de ética al que no debía faltar so pena de perder el respeto del grupo y con ello el control sobre el mismo, la pérdida de credibilidad en el gremio al que pertenecía y el consecuente daño en su carrera profesional, habló de lo paradójico que resulta trabajar en el entretenimiento y la consecución de placer de sus pasajeros en el tanto ese mismo placer le fuera negado, por la sencilla razón que todos en el grupo estaban descansando salvo uno: El; este era su trabajo.

 

Tarde en la noche, ella retornó a su habitación sin haber doblegado al codigo de ética.

 

 

Al día siguiente, después de un esplendido día de viaje, ocurrió que volvieron a encontrase uno al lado del otro tendidos en la cama de su habitación, y luego de mucho pensar en la ética, en lo correcto y lo incorrecto, sus ojos de mirada profunda y embriagadora, sus senos turgentes que presionaban su pecho al besarlo y transmitían un calor que sentía, provenía de las entrañas de la tierra, terminaron por destruir su voluntad, mandó al demonio la ética y con avidez bebió la vida que generaba impetuosamente esa mujer de enigmática presencia. Durante horas cabalgaron por las estepas milenarias del orgasmo humano, con fuerza, se asió a la mujer que como un cometa volaba de dimensión en dimensión, de galaxia en galaxia, sobrecogido por tanto amor, fuerza y ternura que desplegaba , en torrentes interminables de placer, acabó exhausto tendido sobre sus senos desnudos, temblorosos su cuerpos y sudorosas sus pieles, permanecieron quietos y en silencio por largo rato, mirándose, contemplándose uno al otro, unas pocas lagrimas recorrieron las mejillas de él, y ella con dulzura le preguntó porqué lloraba y él le dijo: -Siempre derramo unas lagrimas al hacer el amor, mas nunca brotan si solo tengo sexo.

 

Ese fue su último tour, desde esa vez no guiaría nunca más, los acontecimientos políticos a escala mundial que generaron la guerra con Irak, más los eventos en su vida laboral que hicieron una ruptura con la compañia mencionada, estaban gestandose, un capitulo en su vida se cerraba e iniciaba otro, mas no sabía nada de esto en ese momento.

El tour terminó al día siguiente, regresó a San José con sus pasajeros, todos en el grupo se enteraron de lo acontecido entre ellos por la mirada de ella, él, manejó este asunto con la mayor propiedad y en todo momento correspondió con igual picardía las miradas de sus pasajeros, de esta forma; -aceptando con humildad el peso de la realidad humana llamada sentimientos- expresó de forma tácita respeto y admiración a quien había doblegado su espíritu y amansado su voluntad: la mujer de enigmática figura, y de alguna forma impregnó al grupo con tal sentimiento que al terminar definitivamente el tour en el hotel donde fueran recogidos días atrás, todos le felicitaron por su buen trabajo y en cierta forma aprobaron y bendijeron el encuentro que rompió la barreras de la ética por el poder del amor.

Al día siguiente en su casa en la calle de la amargura, fue despertado a las 7:15 AM, su ex esposa le contaba que estaban ardiendo las torres gemelas, sobresaltado buscó en su chaleco el numero del hotel donde se hallaba su mujer de enigmática figura y la llamó, comunicándole la triste noticia.

 

Cuando el grupo terminó el viaje por Costa Rica y abandonó el país ella se quedó, permaneció a su lado 7 días, viajaron un poco más, visitaron la casa de sus padres en Puerto Limón, celebraron las bodas de oro de sus padres, y una noche de tantas, la antepenúltima para ser exactos, él le dijo que ella retornaría a su hogar en su país y que jamás volvería, y con lagrimas le dijo lo que no había querido decir antes: -"El código de ética protege no solo al pasajero del probable abuso que pudiera cometer el guía, también protege al guía del daño que se produce posterior al involucramiento, toda vez que la otra persona, él o la pasajera, no viven en tu país y es muy poco probable que se queden en el tuyo. Y yo rompí el código sabiendo esto, sabiendo que al momento que me permitiera amarte, a la vez estaba destinándome a sufrir un dolor profundo por tu ausencia, mas lo hice porque sos fascinante y no me hubiera perdonado jamás no haberlo intentado, no luchar por vos, aun sabiendo que las probabilidades son y serán mínimas, son probabilidades al fin y al cabo, y como en la lotería podrías ganar o perder. Por eso sé del dolor que se avecina, y no lucho contra él, ni reniego del destino, siempre recordaré y disfrutaré lo que vivimos, recordaré este momento como perfecto, porque lo efímero de la relación nos dibujará para la eternidad como lo que fue: solo una luna de miel, sin los dolores de una relación verdadera, nunca sabremos si lo hubiéramos logrado, y el que estuviera escrito que fuera efímero, no borra que tuvo un significado trascendental tanto en tu vida como en la mía, eso es lo más especial de todo.

Un aeropuerto remodelado, unas extremas medidas de seguridad por lo reciente del once de setiembre, un último abrazo desgarrador, un retornar el auto alquilado, un viaje en taxi a tu casa conteniendo el llanto mientras ves la nada por la ventana, una soledad que se instaura con voz a llorar en el centro de la sala de tu casa.

Hoy, cuando han pasado casi 5 años, sigo amándola, pese al tiempo y la distancia, porque se puede amar sin esperar, eso es amar el amor. Un evento de tanta trascendencia no se borra jamás, por eso sigo recordando de cuando en vez la luna de miel de una relación que estaba destinada a no nacer y la hicimos nacer, pese al dolor que se generara, porque las historias de amor las escriben los valientes y nunca los cobardes, porque amar es a veces un acto de heroísmo, un cantar de gesta medieval en un mundo posmodernista.

Por eso amo recordar, porque recuerdo que he vivido bien, luchando por lo creía en ese momento era lo correcto, y siempre concluyo que puede venir La Parca y antes de llevarme, la invitaré a mi último café, y le puedo contar una que otra historia que nunca había escuchado, y en la de menos sean tan interesantes, que nos vayamos juntos en el mismo taxi hacia el infinito.

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