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No podía creer que estuviera otra vez en sus brazos, se había cumplido su deseo tan anhelado de tenerla aunque fuera una sola vez más en su vida.

Llegó de sorpresa, con sus ojos tan redondos y tan hermosos, con la paz que genera su presencia, él, confundido, nervioso y excitado, hizo lo mejor posible considerando las circunstancias: una larga y hermosa historia de amor escribía un capitulo por sí misma, había triunfado el amor como autor intelectual del acto subversivo en contra de la condena auto impuesta, atrás quedaban un mar lagrimas y 16 meses de dolor.

La encontró hermosa y radiante, el pelo un poco más largo, su mirada más profunda, su aura un poco débil, pero su hermosura y su estilo inconfundible, estaban más bien exacerbados. Su rostro dulce y apacible, su exquisito cuerpo, su mansedumbre y terquedad simultáneas, estaban incólumes, su ternura manifiesta y su capacidad de amar: desbordantes.

El narró a petición detalles de todo lo acontecido, a como pudo, narró una historia larga, cargada de vivencias y experiencias, intentó narrarlo todo, sin embargo mucho quedó sin contarse, ya que sin saber cómo, se encontró haciendo el amor con su amada, entró en una especie de trance, con temor avanzó paso por paso, grado por grado en la exploración de su cuerpo que sabía le pertenecía desde siempre, iba descubriendo al recorrerlo con sus manos y boca, qué tanto había sucedido con ese cuerpo. Descubrió que el violín Stradivarius, -al cual solía hacer alusión era su mujer, un exquisito instrumento musical de incalculable valor- no había sido tocado adecuadamente, su bellos timbres y matices habían sido silenciados por meses de abstinencia, por una feroz rebeldía que oponía inconscientemente a su destino manifiesto; la separación de su amado, con este acto de amor se mostraba por primera vez en 16 meses la rebeldía, la no aceptación del estado de las cosas, al entregarse a las manos de aquel que con gran maestría hacía sonar las más sensuales melodías, los más bellos, dulces y armónicos sonidos que solo con el amor verdadero se podían alcanzar. Y por breves instantes sonó, volvió a escucharse el mágico sonido que opacó por un breve lapso los sonidos silvestres de la arboleda vecina: el canto de la mujer orgásmica, el gozo que producía en ella un placer tal que, hacía que se mordiera con pasión sus propios hombros, por breves instantes ella voló por entre aquellos paisajes que había ya casi olvidado, vio la cara del sol reflejarse en el azul profundo del mar caribe, escuchó los sonidos del mar y las gaviotas. Rió, lloró y cantó como las sirenas.


Ella lanzó las monedas del I Ching, apareció el hexagrama Gui Dsi: “Después de la consumación”, donde explica que ya la transición de la confusión al orden había ocurrido, que la paz era producto de las decisiones correctas, y que la tranquilidad del momento podría hacernos creer que el estado alcanzado sería imperecedero, lo cual no es cierto, la paz es producto del trabajo arduo y como tal debe ser preservada cotidianamente. El segundo hexagrama que generó el lanzamiento de las monedas fue: “La Abundancia o la Plenitud” con un mensaje claro de disfrutar la bonanza, de no sentir dolor por lo efímero de las estaciones, porque esta es la naturaleza misma del movimiento, porque el sabio ya sabe de antemano que aunque la bonanza es excepcional, también lo es la carestía.

 

Ella se fue, y él quedó con la incertidumbre de si volvería a verla algún día, con la sensación de querer más -porque unas pocas horas no bastan- se quedó atónito viendo al vacío durante muchos días, se dejó embriagar por el dulce sentimiento del amor, y cuando despertó a la realidad, solo tuvo ganas de volver a ella, a tomar su talle, a besar sus hombros, y le dolió de sobremanera enterarse que por lo precipitado y fugaz de la visita, olvidó acariciar la cabeza de su amada y cantarle dulces canciones de cuna.

 


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