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Texto y Fotografía por Javier Martín

Tenía mucho tiempo de no caminar por entre el bosque, la oferta vino de improviso:
-“Vamos para la naciente del río Virilla, ¿Quiere ir?” La oferta era tentadora, la naciente del río mas contaminado de San José, lo pensé un poco, medir el tiempo, el nivel de compromisos presente en mi agenda a ese momento, sopesar las circunstancias, y… listo: -“Nos vamos”.

 

Apresurado aglutiné y acomodé mi equipo: Machete, cámara, binoculares, telescopio, salveque, botas de hule, sombrero de Gore Tex, poncho, libro de aves, libreta de apuntes, y demás artículos dentro de la parafernalia de un naturalista y salté al vehículo.

   

 

Desde el inicio, la presencia de elementos de la vida del campo en las escenas que hallábamos al paso en ruta hacia nuestro destino, me hacía sobrecoger y evocar con nostalgia una larga trayectoria de guía naturalista que ejercí por muchos años, y que hoy, yace en mi interior, ocasionando de vez en cuando recuerdos que llegan a mí, mientras laboro en la soledad de mi pequeño apartamento citadino, cuyo balcón y ventanas que permiten la vista hacia la arboleda del Liceo Vargas Calvo, son la única fuente de verde naturaleza de la cual disfruto.

 

Una liana o bejuco leñoso, de por lo menos 350 años de antigüedad, nos saludó al llegar.
Al poco rato de andar, observamos un par de tucancillos esmeralda que muy orondos forrajeaban frutillas de un árbol cercano, el viejo ritual de identificación utilizando para observarlos: binóculos, telescopio y libro de aves.

Fue muy hermoso presenciar un río aun pequeño pero de agua clara y limpia, no cristalina, pero la turbiedad del agua se debía a un poco de erosión, que en el régimen de lluvias presente en Coronado durante el fin de la época lluviosa, es apenas normal y por tanto, este cumple con lo que se considera un río no contaminado.

 

La visión de la quebrada Guadalupe, afluente del Virilla, con su generoso caudal de agua ciertamente cristalina fue muy reconfortante, como sentir el alivio de observar que no todo está perdido, que aunque unos metros río abajo la contaminación inicia hasta llegar al concepto de cloaca, en este punto, el río está limpio y esto debe saberse.

Nuestros usuarios –pensé- deben ver esto, deben visitar este lugar y entender que la belleza de un país tan maravilloso como este no puede perderse ante nuestra mirada y actitud indolentes. Muchos de nosotros sufrimos por la falta de verde, por la falta de belleza a nuestro alrededor, pero esa belleza la ocultamos con basura, concreto y anuncios publicitarios, la belleza no ha dejado de existir, los que hemos dejado de existir somos nosotros.

 

Jorge, Wilson y yo permanecimos un rato observando la pequeña cascada de ancho caudal. Una tenue llovizna caía melancólicamente, un recuerdo de la mujer que hasta hace poco amé se dibujó un instante en las gotas salpicantes de la caída de agua, -“Hora de irnos, dije… y asumiendo un liderazgo que no me correspondía, huí por un instante de mi destino manifiesto que al igual que el de la cascada no puedo, no debo aceptarlos, ni la cascada se contaminará, ni el amor en mi desaparecerá.

Alejandra es nicaragüense, su rostro de rasgos indígenas me llamó la atención, la profundidad en su mirada, su porte de mucha dignidad e hidalguía me resultaron muy agradables, el café recién chorreado humeaba frente a mí, en la mesa del antecomedor, con la ropa un poco húmeda, nos dimos a la tarea de probar la delicia de su gran cuchara.

 

Al calor de los fiambres y otras delicias adosadas con café negro, nació la idea de traer a los usuarios a este sitio para compartir y departir un proyecto, un rescate de nuestro patrimonio, con la ayuda o no de las autoridades gubernamentales, la Internet es una herramienta muy útil para muchos propósitos, talvez este, -el rescate del río virilla- sea un de sus propósitos.

 

Pero no es con recolectas de basura únicamente que se soluciona el problema, nueva basura volverá, la solución lo sabemos todos, está en la educación de nuestros niños, el aula entera debe ser traída acá, y al menos una vez al año, impartir lecciones en esta cascada, y hacer entender a los niños que la libertad, el goce de la vida y la naturaleza implica una responsabilidad para con esa naturaleza que nos alberga, que el desarrollo que llevaron a cabo sus ancestros fue en cruel detrimento de esa misma naturaleza, y que dicha actitud acarreó muchas tragedias y vidas humanas debido a deslizamientos y demás catástrofes producidas por un ser humano irracional y egoísta.


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