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CUATRO
MIL HORAS
COLGANDO DEL
BOSQUE LLUVIOSO
Llegaba
temprano al trabajo: 6:30 AM, bajaba del bus e ingresaba en una carreta
tirada por un chapulín, luego de unos minutos, descendíamos
y cruzábamos un puente colgante, al otro lado nos esperaban unos
vehículos de doble tracción que nos transportaban hasta
la “Torre Uno” del “Teleférico del Bosque Lluvioso”
en Costa Rica.
Tomaba un radio trasmisor y se reportaba a la base. –
“Torre, torre, -Barbudo-, cero dos en centro de visitantes”.
–“ Copiado, gracias”.
Con esto daba la señal de listo para recibir su primer grupo del
día.
El
70% de la vida en un bosque lluvioso neo tropical
ocurre en las copas de los árboles, esto se sabía mas no
con precisión hasta que el binomio: Donald Perry y John Williams
inventara el dispositivo para escalar los árboles del bosque lluvioso
sin riesgo, finalmente comenzó a develarse el misterio biológico
del dosel del bosque lluvioso.
Fue
a partir de este momento en que Nalini Nadkarni,
famosa bióloga de la India, descubriera que los árboles
en el bosque lluvioso neo tropical tienen raíces en las ramas para
poder competir por el alimento circundante con otras plantas que viven
en los árboles pero no son parásitas: las epifitas, como
las orquídeas, bromelias y muchas otras.
Escalar
los árboles del bosque lluvioso es completamente distinto a escalar
árboles de los bosques templados. En aquellos, la carga de plantas
epifitas, es decir plantas que se anclan a los árboles mas no son
parásitas- es abundante, con lo cual se desarrolla un todo momento
comunidades bióticas en micro escala que incluyen, avispas, escorpiones,
hormigas cuyo aguijón hace llorar a un hombre maduro y valiente,
y las mortalmente venenosas serpientes Bocaracá y oropel.
No
solo las alimañas deben ser consideradas,
un investigador tuvo la idea de utilizar botas para escalar en hielo,
en unos cuantos árboles funcionó, mas al bajar del último,
tuvo que quitarse el látex del pelo con enjuagues de gasolina,
este árbol era uno de esos que contienen mucha savia lechosa o
látex, materia prima para la goma de mascar y las llantas.
En
el siglo 19, época de exploración y descubrimiento del bosque
lluvioso, la técnica más utilizada era cortar el árbol,
ya en el suelo, se procedía a colectar, inventariar y procesar
los organismos hallados.
Mas adelante se avanzó con la técnica de
asperjar insecticida en la copa de un árbol y proceder con la población
de insectos muertos en el suelo, lo conveniente de este avance por supuesto
era en esencia la conservación del árbol.
Donald y John
tuvieron la visión, Donald recibió el premio Rolex por el
aporte al desarrollo humano, con ese dinero financiaron la “telaraña
del bosque lluvioso”, una canasta para dos persona capaz de ascender
y descender además de trasladarse en sentido horizontal de un punto
a otro, este aparato se utilizó en Rara Avis en Sarapiquí,
mas adolecía de serio fallos a nivel de diseño, ya que la
inestabilidad generada por el efecto péndulo, lo hacia peligroso,
o en su defecto una experiencia desagradable.
En
1991 se inició la construcción del teleférico del
bosque lluvioso, una idea generada a partir de la experiencia anterior.
Este es un teleférico para esquiar modificado, que había
entrado en desuso en EE.UU. a este se le hicieron importantes modificaciones
estructurales, como torres en forma de efe, en ves de la tradicional te,
esto permitió el ingresar al bosque en un nivel y retornar en otro,
más alto, con lo cual se obtiene una mayor visión del bosque
desde adentro.
La construcción de las torres requirió
del acarreo de materiales de construcción como arena, varilla y
cemento por entre el bosque con el mínimo impacto posible, es decir,
sin cortar árboles, para ello se construyó un cable vía
como el utilizado para transportar banano entre la plantación y
los materiales fueron acarreados por fuerza humana tirando del bulto que
colgaba y se desplazaba por el cable con rodines.
Para
instalar las torres se utilizó un helicóptero de fabricación
soviética que se alquiló a la fuerza aérea Nicaragüense,
las torres se depositaron en un lugar cercano al sitio: río corinto
en Guapiles, y desde allí se trasladaron una a una y fueron depositándose
lentamente en sus lugares correspondientes. La operación era riesgosa,
en el aire la torre de treinta metros de altura pendía en posición
vertical de unas cadenas al helicóptero, el piloto debía
situarse en el punto especifico, y descender lentamente en el claro del
bosque donde esperaba la base construida para albergar la torre, en tierra,
una brigada de trabajadores esperaba con llaves en mano el descenso de
la torre, las aspas del helicóptero se acercaban peligrosamente
a las copas de los árboles vecinos, la turbulencia generada por
la proximidad de las aspas en tierra hacia difícil la labor de
enganche desenganche y fijación de la torre.
Entre
los varios objetivos iniciales del proyecto el más loable fue el
de educar a los peones de la construcción en historia natural,
ecología, botánica y ornitología, gente de “La
Unión de Guapiles”, labriegos, campesinos, gente de hacha
y machete, muy noble, chaperos que tuvieron la oportunidad de cambiar
la motosierra por unos binoculares y un libre de aves, hoy son guías
naturalistas de calidad en el gremio. Y en el proceso de educar uno como
educador es a su vez educado por ellos, por el bosque, por el proyecto.
También
era muy agradable salir a patrullar el bosque en busca de cazadores furtivos,
seguíamos el rastro de gente que llegaba en auto y luego se internaba
en el área protegida, agradable porque sabíamos estábamos
haciendo algo por la naturaleza, pero no es agradable enfrentar gente
armada, aunque uno también estuviera armado, no lo es, sin embargo
es necesario, aunque nunca anduvimos armados, solo dos de nosotros con
permiso especial, si los costarricenses pudieran entender lo grave de
esta situación.
Nuestro
código
de ética ambiental en el manejo del turismo era ejemplo mundial,
el proyecto se fundamentó muy solidamente a nivel eco amigable,
nada era dejado al azar, por ejemplo: antes de tender el cable, se hizo
un mapeo de cada árbol a doscientos metros de la línea,
a cada uno de ellos le se consideró su ángulo de probable
caída, y aquellos que pudieran afectar al teleférico con
su eventual caída fueron anclados al suelo y apuntalados con cable
de acero en sentido opuesto al trayecto del teleférico, de esa
forma si les tocaba caer entonces lo hacían en sentido inverso.
¿Cuantos
fueron? Mil, dos
mil, tres mil… los pasajeros a los cuales les introduje un conocimiento
hermoso, un sentido de la vida pocas veces reproducible, escuchar y sentir
el bosque respirar, dormir, despertar, llorar y reír.
¿O
fueron dos mil, tres mil las horas que pasé colgando, como huésped
a veces un poco invasor de un mundo completamente distinto, un mundo que
siendo aéreo, es además un micro océano con sus miles
de especies acuáticas al sumar todos los tanquecitos de agua que
se forman en las bromelias. Un mundo extraño, a veces alucinante,
a veces terrorífico cuando se desata una tormenta con rayos, truenos
y vientos huracanados.
Aprendí
a resolver mi vida bajo la lluvia, llovió en mi vida durante tres
años, descubrí que el bosque con lluvia es cuando se pone
realmente hermoso, las plantas brillan, y sus tejidos se hinchan con la
turgencia de la bondad que genera la lluvia.
El
bosque como un macro organismo, un gigante cuyos huesos son los árboles,
sus venas: las lianas trepadoras, de copa en copa, recorriendo, uniendo,
abrazando. Sus órganos: las epifitas, miles y miles de orquídeas,
bromelias ericáceas, helechos y más. Su estomago: el suelo,
la profusión de vida en un bosque lluvioso neo tropical es un espejismo
del acelerado reciclado de nutrientes, el humus, o capa nutritiva de suelo
en estos lugares es mínimo, unos cuantos centímetros no
mas, si quitamos la cobertura boscosa, los árboles, entonces la
lluvia fuerte lavara los nutrientes, erosionara y con ello se termina
de sellar el proceso destructivo: en un punto sin retorno.
El
deleite de los
pasajeros al entender algo tan simple tan evidente, sin embargo oculto,
profundamente encriptado en el océano de hojas es contundente,
el resultado: un grupo más de seres humanos sensibles al tema de
la conservación, como ustedes que tienen la amabilidad de leerme.
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