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Texto y Fotografías por Javier Martín

La luz temprana del día entraba por la ventana bañando su rostro y despertándolo, afuera, mas allá del balcón, la calle de la amargura lucía despejada y apacible, como cualquier calle más, en pocas horas volvería ser la bulliciosa arteria vehicular y peatonal hacia la Universidad de Costa Rica.

Era un ritual cotidiano, al despertar, revisaba como estaba ella, la cobijaba cuando necesario y luego hacia una inspección rutinaria: puertas, ventanas, prender el fuego para chorrear el café, sentarse frente a la compu para trabajar en el sitio Web, pensar y pensar para ordenar las cosas, recordar un poco como sucedió todo…

18 años, un cuerpo escultural y un rostro encantador, la luz de las 6 de la mañana, y el mar caribe como fondo. –“Ahora quedáte quieta un toque, si así”. La cámara disparaba, ---“Una, dos, tres, así esta bien, veamos otra pose”. Era casi una niña, dulce e ingenua, vulnerable, con pajaritos en la cabeza, un futuro por delante y un absoluto desconocimiento de lo despiadado del mundo al que iba a enfrentarse dentro de poco. Hilvanaba estos pensamientos en su cabeza mientras enfocaba, corregía, disparaba una y otra vez.

Un calabozo en barrio México, por primera vez en su vida se hallaba apresado, una ex esposa cobrando la pensión, el pingüe negocio de la paternidad calculada, planificada para extraer del hombre un aparente capital heredable, y ellos sin dinero, intentando surgir con un negocio en Internet, en un país donde todos le temen al Internet, a la falta del conocimiento de cómo se maneja, cómo se usa. En su familia corren, un hermano sale hacia el banco a depositar. Del otro lado de las rejas estaba ella, con su porte de modelo, sentada en una humilde silla que el guarda le facilitó, pidió que le dejaran entrar para acompañarlo, pero era contra el reglamento. Fueron solo unas horas, luego, a los pocos días de este evento ocurrió el desenlace.

La paternidad es un asunto de sentimientos más que de dinero, se es un ser humano, ciudadano o individuo por el simple hecho de tener padre y madre, pero ser persona es distinto, implica una responsabilidad para con uno mismo, esto sucede al formarse un criterio propio, una visión moral del mundo circundante, los niños están en formación, no pueden desarrollarse por si mismos, requieren de una paternidad, un modelo masculino que otorgue seguridad, confianza, estabilidad.

Ella era el vivo ejemplo de la niñez maltratada, parcialmente abandonada, carente de modelo paternal. Fue un año de intenso trabajo en su psique, en su autoestima, transcurrido el tiempo, sus alas crecieron, comenzó a utilizarlas, al principio con renuencia, con temor de volar , es por supuesto más confortable el calorcito del nido, la confusión entre el amor de padre - hija y el amor de hombre - mujer.

Un rompimiento súbito de la relación fue el inicio de su verdadero vuelo, el sentimiento doloroso de abandonar el nido, de sentirse otra vez abandonada, fue sustituido rápidamente por el gozo de volar, de poseerse finalmente como persona, de entender que su vida estaba apenas iniciando, y que este hombre maduro que escribe estas líneas, fue en realidad un buen sustituto de la paternidad perdida en la infancia y un resorte para iniciar su vuelo, un padre para toda la vida si se requiere.

Ya ha pasado el tiempo, ella ahora es independiente en todas sus formas, ocasionalmente, viaja hasta San José para visitar a su padre sustituto, lo mima y lo cuida, pero luego, retoma su vida, su pareja del momento y vive su propia historia, sin censura previa, sin más regulaciones que las que impone su moral bien construida.

Mientras tanto, el hombre maduro que escribe estas líneas vive tranquilo su vida en la soledad de su pequeño apartamento en San Pedro, escudriña constantemente las señales del tiempo, explora sus diferentes mundos, edita en su sitio en Internet, fragmentos de su pasado rico en vivencias y anhela… seguir amando hasta el fin de los tiempos.

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