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Texto y Fotografías por Javier Martín

Una amiga muy querida es vegetariana, esta cualidad me recordó un tema muy interesante que solía discutir con mis pasajeros cuando era yo un guía de historia natural y viajaba por este bello país que es Costa Rica.

Ajeno al tema del vegetarianismo, la relación existente entre la deforestación, el desarrollo urbano y las comidas rápidas es muy interesante.

No pretendo en este relato hacer un análisis de la problemática de la deforestación, este es un tema muy complejo que involucra e incrimina si se quiere a toda la sociedad. En alguna medida todos utilizamos la madera y sus derivados como el papel, no es por tanto un asunto de culpar a diferentes sectores de nuestra sociedad, sino el entender el enrejado de relaciones culturales y económicas en torno a esta problemática de la deforestación que no son tan evidentes, pero que no por ello dejan de ser de suma trascendencia por los resultados negativos generados al ambiente.

La mayor perdida de cobertura boscosa se dio en Costa Rica y en general en los países subdesarrollados del tercer mundo, cuando hubo un crecimiento explosivo de la población estadounidense durante los años cincuenta, en esa época se vivió la culminación de lo que se ha dado en llamar el sueño americano.

Era la época de James Dean y los vehículos “ocho en ve” que consumían cantidades ingentes de gasolina pues esta era muy barata. Los tiempos en los que la industria de las comidas rápidas floreció vertiginosamente y hubo de repente una gran demanda de carne barata para elaboración de tortas. Esto se tradujo en oferta para Costa Rica y se eliminó la mayor cantidad de cobertura boscosa en aras de crear repastos para el ganado de engorde.

En los países tropicales por características edáficas, es decir del suelo y clima, no todo terreno es apto para la ganadería. Por lo general un terreno con una alta pendiente es totalmente inadecuado ya que la compactación producida por el peso del ganado, más la lluvia intensa y la ausencia de cobertura boscosa que retenga el suelo, producen tasas de erosión alarmantemente altas. Por lo general, luego de uno pocos años dicho suelo ha sido despojado de la capa de humus, esto es: la única capa de tierra con nutrientes que en estas latitudes suele ser muy rica pero a la vez muy delgada y por ello vulnerable a los agentes climáticos. Con ello, el terreno deja de tener valor alguno y termina siendo un problema para todos, incluidos los arrecifes coralinos en las costas, ya que el suelo termina depositándose tarde o temprano en los pólipos bloqueándoles la posibilidad de contacto alguno con la luz solar, a raíz de lo cual mueren.

Con esta formula se ha venido produciendo carne de baja calidad (bajo precio) para abastecer a las cadenas de comidas rápidas cuyo plato principal es la hamburguesa (Pienso en mi amiga vegetariana).

Con el aumento de la población, el problema se acrecienta.

Una forma alterna de revertir el proceso explosión demográfica – pérdida de bosques, sería el implementar en nuestra cultura el hábito de comer iguana. (Otra vez pienso en mi amiga vegetariana).

La iguana era consumida en el pasado por nuestros ancestros y lo es en la actualidad en muchos pueblos de Centroamérica incluida Costa Rica. Como animal de crianza, sus demandas alimenticias se basan en hojas de los árboles. Si implementáramos la formula: explosión demográfica es igual a más iguanas, -para lo cual se requiere más bosques-, estaríamos revertiendo el proceso y obtenido ganancias todos, hasta Ronald.

Imagino gestos y muecas de desagrado de mis lectores al leer tal propuesta,
-“La iguana es fea” dirán unos.
-“Repugnantes” dirán otros, pero yo pregunto: ¿Qué es feo, que es hermoso?
Alguien nos dijo cuando niños que un animal con pico y plumas es hermoso porque se puede comer, y ¿Quien tiene por peluche a un pollo? O ¿Qué persona pondría un afiche en su casa de un pollo? Los pollos no son hermosos, o al menos no más hermosos que un cerdo, una vaca o una iguana. Lo que distingue a la vaca, el cerdo y el pollo de la iguana, es el concepto de qué es comestible y qué no, tal cosa es un concepto cultural y nada más. Es como decir que un perrito porque es hermoso, entonces me lo puedo comer. Dicho sea de paso, los omnívoros, es decir animales carnívoros y herbívoros a la vez -como nosotros los humanos- comemos carne de animales herbívoros, o al menos no legítimos depredadores como los felinos y los canes, este tabú puede estar apoyado no tanto en el sabor de dicha carne, mas en torno a conceptos como toxicidad de la carne, o al simple hecho que los hemos hecho animales hermosos, mascotas, y nadie se come a su mascota o a la mascota de otro. Esto me recuerda que solo los infantes tienen por mascota a un pollo, y este por lo general cuando es muy pequeño –el pollito- y al crecer los padres del niño se deshacen del animal porque ya perdió su encanto. Otro caso interesante es el de la langosta, esta es horrorosa, sin embargo es deliciosa al paladar, y al igual que los buitres es carroñera, es decir come carne putrefacta en el fondo del mar.

Bonito, feo, es un asunto cultural y nada más. Un juicio de valor.

Talvez en un futuro no muy lejano podamos como sociedad, implementar la sana costumbre de comer iguana, y eventualmente hallemos una cadena de Iguana Burgers o “Mac Iguanas” floreciendo en nuestro país.
Entre tanto me divierto imaginando que alguien entra y pide en el mostrador:
-“Una “iguanaburger doble” y unas papas fritas por favor”.


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