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Las cosas deben estar en su lugar. Debemos limpiar la casa siempre, porque esta es nuestra casa.

Estoy solo y hablo en plural, que necedad de poeta.

Seguir, ¿es acaso más difícil que retroceder? No siempre… viendo la devastación y soledad a mi alrededor, me pregunto: ¿Qué sentido tiene retroceder? ¿Hay acaso posibilidad de regresar en el tiempo y evitar la tragedia? No, el futuro por dicha, siempre nos está vedado, así, es posible en el pasado haber dormido plácidamente, con la absoluta ignorancia del dolor que se avecinaba.

Por eso digo: debemos poner las cosas en su lugar, y limpiar nuestra casa, que siempre tendrá las puertas abiertas a la vida.

Hablo en plural estando solo, la imagen de una y otra se mezclan, mis mujeres del pasado aparecen lentamente, una a una, comparto mi mesa con ellas, y les digo al verlas reunidas tan orondas y sonrientes: -¿Que más podía yo hacer? Luché hasta el fin, y después del fin esperé todavía un tiempo más, como el más fiel de los mortales, hasta que los años me indicaban que estaba solo, y en eso, entraste vos, una nueva historia con sabor a oportunidad, futuro y esperanza, nuevos bríos y nuevas expectativas, ¡viva la vida y el renacer!, y después... una vez pasado el arrebato de pasión... la misma historia que termina con llanto y dolor, posteriormente seguiste vos, y luego vos, y hoy: otra vez solo, pero tranquilo y sin afán.

A todas las amé con intensidad, fervor y abnegación, pese a mis errores, que errar es de humanos, cuando finalmente me percataba de mis errores ofrecía siempre mejorar e intentar entender, buscando complacer y lograr la armonía, pero ustedes son mujeres, que como bien dijo el poeta, cada mañana se maquillan distinto para ser conquistadas una y otra vez, y así, como la verdad, son imposibles de alcanzar.

-Hoy estamos ustedes y yo en esta mesa, en la encrucijada de la vida, y supongo que esperamos algo de ella, y evitamos inconscientemente tocar el tema de la muerte, por eso están acá, porque no desean pensar en la muerte y mientras tengamos la casa limpia y las cosas en su lugar, significará que estamos vivos. Y yo, con mi testarudez de romántico incurable, de alguna u otra forma ahuyento a la muerte-.

-Pues bien, hagamos un trato –les dije- mientras se porten bien y no peleen entre ustedes, se quedan, y por favor, bendigan mi camino-.

-Porque en algo quiero ser muy enfático: aun con ustedes aquí, -que por mí se pueden quedar el resto de la vida- yo quiero ser feliz, y a la próxima, la amaré más y la cuidaré mejor de lo que lo hice con ustedes, porque ustedes me enseñaron en qué fallé, en qué forma pude haber dado más de mí, y por eso, espero de ella -la que no conocemos aun- que jamás se siente en esta mesa a conversar con ustedes-.



   
 
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