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VIDA URBANA
EN SAN PEDRO DE MONTES DE OCA
*-El Sr Mauricio Ordóñez nos mandó
un e-mail con su opinión respecto al fenómeno sociológico-antropológico
CalleAmargura, este escrito fue hecho en el año 2000.(Nota del
Editor)
Por Mauricio Ordóñez
273.0347

El centro de San Pedro de
Montes de Oca es, a la vez, cabecera de uno de los principales cantones
metropolitanos y antesala del campus de la principal
universidad del país. Por ello se ha convertido en un centro urbano
muy especial, donde la mayoría de las actividades son realizadas
por la enorme población
flotante que la habita, que supera con creces a la población autóctona;
y que corresponde, marcadamente, a población juvenil. Principalmente,
tales actividades corresponden a intercambios comerciales (alimentos,
bienes, servicios) e intercambios sociales y culturales, tanto de día
como de noche. Quizá lo más singular sea esto
último -el encuentro social y la recreación nocturnas- aprovechando
la gran cantidad de bares y restaurantes existentes, actividad vivida
con tal dinamismo que ha convertido el sector en uno de los mas llamativos
del
Área Metropolitana, uno de los mas pintorescos, cuya referencia
trasciende incluso nuestras fronteras.
Las principales
concentraciones de personas se dan en la calle 3, mal llamada "Calle
de la Amargura" o "Calle Cáustica", pues más
alegrías ha dejado que amarguras, basta ver sin prejuicios los
rostros de los transeúntes. También se han dado en la zona
de la línea del tren (avenida 3). Desde el punto de vista
socio-urbano es interesantísimo: gente que se
estaciona por largo tiempo en calles y aceras, para conversar y verse
entre sí, yendo de un bar a otro en una especie de deriva urbana,
buscando emociones sentimentales e intelectuales compartidas.
Estamos ante una singular psicogeografía de la ocupación
del espacio; ante un fenómeno social que le da sentido a nuestras
ciudades como lugar de encuentro y disfrute.
Pero,
lamentablemente, también han ocurrido
situaciones conflictivas, producto del contexto social y económico
de nuestro país: suciedad del entorno, casos de vandalismo y violencia
gratuitos, asaltos a mano armada, y ahora, asesinatos. Sin embargo, no
hay
que magnificar estos desmanes, pues proporcionalmente son pocos en comparación
con las grandes masas de
gente que allí se encuentran.
Todo este
fenómeno ha llamado la atención de distintos sectores universitarios,
municipales y de la población
misma de la zona, la prensa ha publicado reseñas con abundante
tinta amarilla, e incluso se han desarrollado algunos trabajos de investigación
y talleres de discusión, para entenderlo y buscar soluciones a
las situaciones conflictivas y a aquellos
extremos peligrosos.
En síntesis,
el centro de San Pedro es un barrio de bohemia juvenil, como ocurre en
la antesala de los campus universitarios en muchas ciudades del mundo.
La juventud metropolitana necesita lugares de
encuentro y esparcimiento, y en San Pedro de Montes de Oca lo ha hallado.
Esta evolución es parte del metabolismo urbano, no se puede regresar
a la vida
pueblerina dejada atrás. Debemos aceptar y potenciar sus características
positivas, y reducir al mínimo las negativas.
Según nuestro
parecer, y escuchando las opiniones expresadas por varios sectores, consideramos
que hay varios aspectos de la vida urbana de San Pedro que hay que discutir,
con el fin de mejorarlos:
acondicionamiento del espacio, regulación comercial y seguridad.
Son aspectos bajo cierto control institucional, pero que condicionan la
calidad de vida y la conducta ciudadana.
ACONDICIONAMIENTO DEL ESPACIO:
(Bulevares peatonales y renovación urbana)
Muestra el centro
de San Pedro un marcado deterioro y caos urbano: aceras maltrechas, cloacas
malolientes, saturación e ilegalidad de muchos rótulos comerciales,
falta de arborización, etc. Estos son problemas de
ornato y de calidad del espacio urbano. Pero quizá lo más
grave es que el espacio físico no está acondicionado para
recibir a las cantidad de gente que lo usa: la falta de espacio peatonal
produce obstrucción de calles y aceras, y la lucha por el espacio
entre automóviles y peatones conduce a una
inevitable crispación social. Esta crispación fue precisamente
el detonante de la violencia que produjo los últimos hechos de
sangre que profundamente lamentamos. Además, hay exceso de ruido,
y no existe el menor amueblado urbano (bancas, luces, basureros,
etc).
La idea de
los bulevares peatonales, que en ciertos momentos ha sido rescatada del
olvido para volver a él, nos parece, ahora mas que nunca, necesaria
e impostergable. Esta iniciativa es parte de la "justicia ambiental
en la calle", marco para una ciudad convivial, donde el peatón
y el ciclista recuperan espacios, frente al injustificado privilegio
concedido al automotor. Un espacio que permita reforzar la actividad cultural
y artística. El uso del espacio en la ciudad debe ser dinámico
y flexible,
y adecuarse a las cambiantes actividades que con el tiempo se van estableciendo.
No se trata de una "alcahuetería" como, con brutal simplismo
y -aquí sí- amarga perspectiva, algunos definen el marco
de
apertura social y moral que implica dar espacio para que la gente disfrute.
Los ejes peatonales
básicos serían la calle 3 ("Calle de la Amargura")
y la avenida 3 (línea del tren). El eje peatonal sobre la calle
3 es algo que ya funciona de facto, es una larga plaza lineal con enorme
riqueza de intercambios sociales y comerciales que simplemente espera
su reconocimiento y consolidación urbanística.
El Paseo de la Calle
3 puede ir desde el antiguo Banco Anglo o desde la Mazorca, hasta la esquina
ecológica del FECOU en el edificio Saprissa. Se sugiere un proceso
gradual de baja inversión inicial (tal como
ocurrió en la avenida central de San José): una primera
etapa inmediata sería el cierre temporal nocturno, y luego, a partir
de un anteproyecto participativo y colectivamente aceptado, definir sus
características arquitectónicas, mejorar las vías
vehiculares sustitutas, sembrar árboles y agregar el amueblado
urbano necesario (bancas, iluminación, pavimento, teléfonos,
pizarras informativas, urinarios públicos gratuitos en casos de
festival, etc.). Para
el ingreso definitivo de vehículos a la Universidad se habilitaría
la calle 5, a un costado del Liceo Vargas Calvo, tal como lo planteaba
el proyecto del Distrito Universitario (1982). Habrá entonces que
disponer un
semáforo en la bocacalle con la avenida central, y resolver el
problema de estrechez al extremo norte de la calle, donde dobla de manera
muy incómoda.
REGULACION COMERCIAL:
(Bares y consumo de licor)
Algunas personas
han expresado disgusto por el "excesivo número de bares"
en la zona, y desearan hasta la cancelación de todas las patentes.
Tal como se expuso anteriormente, es precisamente la cantidad y variedad
de bares los que potencian esa experiencia de
deriva urbana peatonal que nos parece tan rescatable.
Tal vez, algunos bares están demasiado cercanos, quizá sería
más interesante su redistribución en el espacio,
pero esto ha sido resultado de un metabolismo urbano no planificado. Sin
caer en sectorizaciones demasiado artificiales -y dentro del marco de
un plan regulador-
los ejes peatonales cruciformes serían la plantilla para la eventual
expansión o redistribución de este tipo de establecimientos
comerciales.
Otros expresan
la preocupación por que se venda licor a menores de edad; contravención
tipificada en el Código Penal. A pesar de los controles existentes
en las puertas, ello es posible en algunos casos. Esta limitación
parte del principio cultural y constitucional de que los menores de 18
años no gozan de libre albedrío, cosa a la vez razonable
como cuestionable. Creemos que conviene mantener tal restricción,
no sin la debida reflexión respecto a los derechos y necesidades
de los menores (¿por qué no
"bares" sin alcohol?).
Algunos critican,
también, el tomar licor en la vía pública. El Código
Penal castiga (contravención) "a quien se presente en lugar
público en estado de ebriedad, de modo que cause escándalo,
perturbe la tranquilidad de las personas o ponga en peligro la seguridad
propia o ajena". O sea, y al parecer, no sería problema tomar
licor en la vía pública de manera
tranquila y moderada. Podría impedirse salir "licor en mano"
de los bares, pero muchos traerán sus licores del supermercado.
En este caso habría que establecer un balance y preguntarse qué
se logra al impedir tomar
licor en vía pública, y sopesarlo con el placer que se obtiene
del tomar bajo la Luna. Eventuales efectos secundarios de esta práctica:
los envases convertidos en basura o proyectiles, acciones espontáneas
de difícil prevención. Sobre estos temas hay que generar
una mayor discusión, entre actores y espectadores.
Y algo que
talvez goza de mucho mayor consenso: revisar estrictamente las condiciones
de salubridad de los negocios (aguas negras y servidas, sanitarios y
cocinas), y eliminar todos los rótulos comerciales que sobrepasen
la línea del cordón de caño (art.IV.15, Ley de Construcciones),
pues ensucian el paisaje urbano y agobian a los peatones.
(Consumo de otras drogas
)
Otro gran tema:
el consumo de ciertas drogas ahora consideradas ilegales, sobre lo que
a veces se hace demasiado escándalo, y pesan demasiadas condenas.
La Ley de Estupefacientes pena la venta pero no el
consumo de drogas ilegales (gran sinsentido); solo define como contravención
(art.79) y multa a "quien, en sitios públicos o de acceso
público, consuma o utilice drogas de uso no autorizado". Recordemos
que
la Constitución (Art.28) establece que "las acciones privadas
que no dañen la moral o el orden público, o que no perjudiquen
a terceros, están fuera del alcance de la ley", norma que
consolida, claramente, un libre
albedrío en lo que respecta a usos y costumbres privados, que deben
ser firmemente respetados. (Lamentablemente, la mayoría de los
jóvenes no gozan de plena soberanía en sus espacios hogareños,
por lo
que deben salir a la calle para sus exploraciones sociales, amorosas,
sensoriales y mentales). Siempre será inaceptable que un adulto
limite a otro en su
fuero privado. La prohibición al respecto ha sido política
necia que alimenta la apetencia, el mercado negro y la corrupción,
y que promueven la injerencia de potencias extranjeras. Pero para superar
esto
falta mucho, pues los moralismos y los turbios
intereses económicos obstaculizan las soluciones pragmáticas.
Sabemos que
el consumo controlado de ciertas drogas puede ser inocuo y muy placentero
-por algo existen, se consumen y son parte de la historia y cultura humanas-
pero la ingesta abusiva puede ser dañina: eso depende del tipo
de sustancia, la cantidad y del organismo recipiente. Cada quien debe
aprender a conocer sus límites. La situación se complica
cuando las sustancias resultan adictivas (alcohol, tabaco,
cocaína, crack, etc), entonces la voluntad y el libre albedrío
difícilmente logran operar, y se puede caer en situación
patética. Estaríamos entonces ante un problema de salud,
e idealmente correspondería al sujeto, con la colaboración
de las entidades sanitarias, buscar un tratamiento, financiado con los
impuestos directos de un comercio entonces legal y controlado. De cualquier
modo, sería conveniente, y aprovechando las condiciones y pizarras
del futuro bulevar, mantener una sostenida campaña informativa,
científica y testimonial, no manida ni maniquea, sobre
los problemas que puede traer el excesivo consumo de ciertas sustancias,
y así reflexionar sobre la urgencia de tales hábitos y,
por qué no, pensar en otras alternativas para usar el tiempo y
gastar la plata.
SEGURIDAD:
(Presencia policial y conducta
ciudadana)
La integridad física
de las personas es algo que se debe cuidar; vemos amenazas en varios aspectos:
los peligros que ofrecen los huecos, caños y basura que se atraviesa
al paso, los automotores en promiscuidad con
el peatón, y la eventual amenaza de otro semejante, por robo, razón
pasional, demencia o violencia gratuita. Los dos primeros casos se resuelven
mediante la renovación urbana; lo último -la amenaza
de un sujeto a otro- mediante la discreta prevención a priori,
y decidida contención in facto (al hecho).
Debería haber
presencia policial básica y constante, -especialmente de noche-,
la mínima necesaria para proteger y no amedrentar a los usuarios.
Una policía que haga rondas constantes, no queremos redadas indiscriminadas.
Una policía civilizada y tolerante, no una que viva hostigando
al transeúnte por su
aspecto o conducta privada. Una policía respetuosa, pues los jóvenes
también son ciudadanos y merecen respeto. La policía debería
ser muy discreta y selectiva en la práctica de las bochornosas
requisas a
la que está autorizada (art.189, Código Procedimientos Penales),
-o en el registro de vehículos (art.190)- pues solo podrá
hacerlo "siempre que haya motivos suficientes para presumir"
delito (venta de droga, portación de armas sin licencia, etc).
Como vimos,
ante el consumo de drogas en sitio público, cabría aprehensión
(captura) por ser contravención (art.235, CPP), pero tan solo para
poner al detenido a la pronta orden del Ministerio Público (max.24hrs),
quien
elaborará la multa correspondiente. Que nunca olvide la policía
que nosotros hemos delegado nuestra autoridad en ellos, que son funcionarios
contratados y deben ser los primeros en respetar las leyes.
Es falsa creencia
popular que el ebrio o drogado resulta automática amenaza a los
demás. Ciertamente, quien abusa de tales sustancias pierde algunas
potestades, mientras gana otras; algunos pueden
enervarse eufóricos, pero otros volverse mansos y pacíficos;
nuevamente, depende de la sustancia y del temperamento del usuario. No
parece adecuado, y puede
ser hasta peligroso, estar en la calle con la mente y los sentidos alterados.
Lo que es claro es que no podemos impedirle a ningún ciudadano
que en privado -o en los lugares destinados para ello- haga ingesta de
la sustancia que desee, solo podemos exigirle que no perjudique a terceros.
No es correcto que un sujeto bajo tales influencias conduzca vehículo,
ni que porte
arma de fuego, por lo que ciertos controles "a los muy pasados"
(alcoholemias, detectores de metales), siempre que sean pertinentes, discretos
y con testigos, serían muy convenientes.
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