LO SUBLIME, LO BELLO, LO EFÍMERO. Ensayo por Christian Quesada, tercer año filosofía U.C.R. Pinturas: Josue Chinchilla LO SUBLIME, LO BELLO, LO EFÍMERO. En caso
de que la narración que aquí se presenta hubiera sido un
mundo kafkiano, sus personajes humanos serian cucarachas; a lo cual Poe
le agregaría que las cucarachas estarían muertas, y sin
embargo viviendo en una realidad como la que se da "posterior al
sueño del fumador de opio". El marques de Sade asumiría
que esas cucarachas serían Jesús y castradores -del placer-
que se reúnen como antropófagas en templos y prostíbulos;
y Nietzsche por su parte diría que una vez un filósofo se
asomo a un espejo, y que esa vez el filósofo pudo mirar como en
un espacio y en un tiempo un joven se enamoró de una joven. Esa
joven le ponía como condición a su pretendiente, que si
quería acostarse con ella, primero tenía que acostarse con
una anciana.
Esa anciana
era flaca y arrugada, todo su pelo estaba lleno de canas, que le colgaban
por la cintura y además estaba algo calva. El pelo de su pelvis
era igual de canoso, solo que mucho más erizado; sus encías
carecían por completo de dientes, a excepción del superior
del centro derecho, aunque no era mas que un tronco; las uñas por
su parte estaban encarnadas y purulentas, además de que su artritis
le deformaba tanto, los dedos de las manos como de los pies. Su joroba
pecosa y peluda no resultaba menos interesante que su decrepito cuerpo
tatuado, en las partes mas excitantes. Y así por el espacio y el tiempo de los siglos; hasta que el tiempo -el enemigo de Alicia lidell- hizo de aquella joven amada una anciana; por lo que su joven apuesto se marchó con una linda joven -amada suya-; eso hasta que esa linda joven lo dejó, debido a que a él, el tiempo lo había hecho similar a un feto, que vomitaba pus, y expedía flatulencias cancerigenas; y así por el espacio y el tiempo que tenga que existir la humanidad. Una vez
un espejo miro un filosofo; y lo que miró fue como el filósofo
se divertía hablando con una muchacha, mientras escribía
en su alma: el tiempo hoy se detuvo en la mirada de ella, y ya nunca mas
este día será hoy; en su voz se escucharon luces de colores,
con flores naranja explosión, amarillo incandescente, y rojo puto;
y talvez algún otro día vendrán más de esas
flores; sus juguetonas manos y su mirada no las podré recordar,
y sus ojos no los podré entender. "Muchacha ojos de papel Pensar en
la idea en que no somos mas que "...una agrupación mas compleja
y evolucionada de la materia" (Alexander, Oparìn; "El
origen de la vida") El que a Heráclito se le haya llamado "el oscuro" no parece que haya sido en vano, ya que sin mayor dificultad puede ser visto como uno más de los pensadores -filósofos- de la sospecha; pues la verdad que él viene a enunciar con su logos (discurso) viene a oscurecer las almas bárbaras, pues tanto el alfa como el omega de los seres humanos es azaroso; como los dados con que juega el niño; y donde el cosmos que percibimos por medio de nuestros sentidos, etc. no puede ser revelado por ningún Dios, puesto que él no lo ha creado; si no que ese espacio en el que vivimos es una tarea personal aprenderlo, escudriñando nuestra propia mente. Es en ese espacio en el que el ser humano es producto, como todo el cosmos, de una lucha constante entre diversas fuerzas y objetos e intenciones, deseos, necesidades y posibilidades, y al no encontrar nada a que asirse, ya que todo se encuentra en un fluir constante (cuando menos de manera potencial); en la que la permanencia tan añorada, es una ilusión inducida por la razón judeo-cristiana. Dicha ilusión se debe a que la razón hace una mala interpretación acerca de la percepción de los sentidos -donde por naturalidad- buscan lo que les es placentero-. Donde lo único que parece haber es un yo-todo-material. (Es decir, que carece de alma y espíritu, pero no excluyendo los sentimientos) en un constante cambio, sin estabilidad permanente (como le sucede a la psique) y con logos (medida en este caso) tan profundo que no podrá conocer.
¿Qué es lo que tenemos? Parece ser, y lo que parece que tenemos ¿no son acaso unos padres que van a morir, una amante que buscar o que dejar; unos amigos que pueden desaparecer, y un deseo insaciable? Tal parece que lo único que poseemos es la posibilidad de perder lo que se posee; mas sí pensamos en ciudades de muertos, en ciudades invisibles, llenas de autómatas viviendo para que las ciudades existan y no, construyendo ciudades para existir. Ciudades repletas de cuerpos amorfos, absolutamente todos con el mismo rastro, con sujetos sin nombre, y todo tan dividido y disperso como los recuerdos. Fue en una de esas ciudades en donde dijo que ella era como una flor que no quería secarse, y que quería dejar buenas semillas; y en ese escándalo como un esquizofrénico filme en el que las cucarachas se suicidan comiéndose al planeta, alguien respondió -gritó mas bien para, así para hacerse escuchar -que había que regalarle cuentos pero que además le parecía que era una flor muy especial, con pétalos en forma de hongo y hojitas de marihuana. A todo esto el final del amigo de Alicia Lidell -el día- se disponía a darle paso a la noche; y la tarde empezó a desvanecerse. Lo cierto es que Alicia salió de la ciudad de Laudamia -caminaba hacia el atardecer en medio de un campo de flores de colores- y mientras Alicia recreaba en su imaginación a la ciudad de Laudamia en un sentido Castoridiano, pensaba en que "...para sentirse segura la Laudamia viviente, necesita buscar en la Laudamia de los muertos la explicación de sí misma, aun a riesgo de encontrar allí de mas o de menos: explicaciones para más de una Laudamia, para ciudades diversas que podían ser pero no han sido, o razones parciales, contradictorias, engañosas." [Calvino, Italo; "las ciudades invisibles"; Ed minotauro; 1991; pagina 152-153]. Con la última luz de la tarde Alicia se sentó a la sombra de un hongo, junto a una oruga azul que se hallaba recostada en el tallo fumando en un narguil; y sin hablar con la oruga, Alicia meditaba en como soñar despierta en una ciudad hueca con sujetos sin rostros y sin nombres; y como en un cuento de Carroll, de un momento a otro, soñaba y soñaba, que había caído en un hueco muy profundo, que había caído en la vida y que esa realidad que conocemos es un sueño que dura mas o menos setenta años. "A todo esto, Alicia seguía cayendo, cayendo, cayendo. ¿Quizás no terminaría nunca de caer? Me gustaría saber cuantas millas habré descendido ya -dijo en voz alta-" (Carrol, Lewis; "Alicia en el País de las Maravillas"). Ahí se
encontraba él, en esa ciudad vacía, llena de agua y las
personas chocando, le parecía que ahí podía haber
algo de felicidad, algo interesante; ese era el mundo visto y analizado
desde los ojos de una estatua, que se hallaba sentada en una banquilla
vieja, en un balcón. No en esa
si no en otra tarde, con un color más amarillo agua en el ambiente,
una de las florecillas hippies, que nacen por entre las ciudades, había
pasado por su balcón ; volando en busca de una ventana de cristal
gigante; llevándose en su búsqueda la canción de
Luis Alberto Espineta "muchacha ojos de papel", y entre tardes
en bares y tardes en puros la florecilla le dijo -con voz que soñaba
a canto de hada- con una sonrisa que pintaba el día, pero sin siquiera
mencionar una sola palabra: no te preocupes en encontrar nada, no preguntes,
no camines, no te pares, no te encuentres, no te mires, no seas alguien
perdido, no te sientes, no rías más, no llores más;
pero si inevitablemente sigues vivo, invéntate algo porque reír. Junto a
la canción iba una cajita anaranjada con unas líneas enroladas
que decían: para quien con su mirada enciende la luz del sol; para
quien con su sonrisa dibuja el mundo de los sueños; para quien
con su voz apaga el ruido; para la flor hippie mas linda. El amor por
las cosas pueden fluir, vibrar, crecer y comerte; y las ilusiones ser
las que caben tu tumba, así de simple y practica suele ser la vida. De todo
o de nada de lo que hagas solo tienes una oportunidad para hacerlo, y
una vez que lo realices se quedara estampado en el tiempo; porque no puedes
regresar la vista atrás, porque ahí solo quedan flotando,
y todo lo que pintes en la vida se quedara para siempre del mundo que
hayas pintado. Con gran
risa y alegría una vez ellos una tarde conceptualizaron el color
que no existe; y dibujaron una burbuja para ellos y nada más, para
meterse dentro y escapar del miedo a ese mundo que tiene herramientas
para hacer daño, y hacer del dolor un arte que prolongue la muerte. Pero no
se percataron que al pintar también utilizaron herramientas; y
en medio de la euforia, se encontraban muchas flores, una suave brisa
y hasta un sol que los estuvo esperando durante siglos, y así transcurría
el tiempo entre leves y alegres sonrisas y bocetos inmutables. En este pasivo
y cotidiano colorear de repente en la burbuja se pintó agua, hasta
que el aire fue escaso, y lo cotidiano consistía en mantenerse
a flote. De repente
por el exceso de agua los pinceles se pudrieron, todas los colores se
mezclaron, el producto fue un caldo negro, donde surgían figuras
de esa irracional mezcla primigenia. Hasta que
el silencio fue tan alto e intenso que estallaron a gritos y Polemos (guerra),
la madre de todo, no tardo en llegar; y miles de gritos armonizaban la
música de la escena que se secaba a la luz del sol. Todas las
mañanas él salía a su balcón a saludar el
día pero que saludarlo no era suficiente, y se encaminaba dispuesto
a conocer el día, y convirtiéndose en una sombra clandestina
sin rumbo y sin rostro; sin embargo el junto a otras miles de sombras
creaban la grande Babilón. En su recorrido
se encontró con una tienda de la cual solo se llevo una caja de
música que le había llamado la atención. Ese día
la tarde lo había sorprendido en su balcón, escuchando las
psicodélicas y melancólicas melodías de la caja de
música que se enredaban a sus pensamientos, al mismo tiempo que
observaba a la bailarina -cuya imagen se asemejaba a un holograma- en
una danza a la fertilidad; en el espejo de la caja de música se
miraba como un filosofo escribía: interesante un balcón
y otro (hola yo soy el libro, y te cuento que mientras me pintan suena
"El Clandestino" de Mano Negra, ahí en "La razón
de la sin razón" de la gran civilización; donde los
colores se mezclan y explotan las carcajadas sin razón aparente,
se escucha la voz de la razón que canta ''...con el coyote no hay
aduana; tequila, sexo, marihuana'', al del grito unísono del progreso
al fetiche de la civilización que armoniza con el disco), nunca
se han hablado ni visto de cerca, tan siquiera, y sin embargo como en
una fábula se hacen señas y bromas, que explotan en risas
en un balcón y otro. De un momento
a otro, ella, se metió para adentro, abrió la celosía,
se quitó el abrigo, haciéndose ver mas dulce y seductora,
con sus dos largas trenzas de cabello negro, que caían por delante
de sus hombros, acariciando sus pechos, y dejándolos ver tímidamente;
diametralmente la estatua observaba y pensaba muchas cosas diferentes,
de forma simultanea y no es que a veces olvidara ciertas pequeñeces;
sino que a veces la mente se pone mas fluida, y confunde las idease entre
tanto, y bajo esa misma lógica, de balcón a balcón
se compartían ciertas miradas. Ella, desde
su balcón, no se imaginaba que en ese preciso instante se estaba
empezando a metamorfosear -y por ende a "inmortalizar"- en la
imagen de alguna narración, revivida en la mente de algún
solitario lector y junto a ella el misterio en que la encierra su balcón,
que la protege de esta tarde pálida llorona aunque con algo de
felicidad. Quizás algún
día te llegues a enterar qué es lo que yo escribía
cada vez que jugábamos como niños de balcón a balcón,
y revivas ese recuerdo perdido y sin importancia; y al recordar la vez
que saque el espejo grande para que te reflejaras en él soltarás
la misma sonrisa y tu expresión revivirá, en tu propio recuerdo. Divertido, tu eres la historia de una chica, que yo veo y cuento de una sesión de fotografías que pasan por el espejo de una cajita de música.
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