Invitación
al diálogo de las Generaciones
por Tomado del Libro "Merecer la Vida" de Maud Curling editorial Universidad de Costa Rica. Ustedes dos, Rafael y Maria, y ustedes dos Pablo y Ana, digan para empezar: yo soy un hombre, yo soy una mujer; tu eres un hombre, tu eres una mujer. Nosotros somos cuatro seres humanos. Todos ustedes tienen entre 18 y veinte años.
Ustedes han
nacido solo hace veinte anos y mientras crecían ocurrió
que todo en el mundo cambio veloz y radicalmente, mientras ustedes jugaban
y reían y miraban pasar las cosas como un espectáculo mas:
no rea ese todavía su presente. Ahora ustedes miran el mundo que
sienten que es de ustedes y les pertenece, con una sonriente familiaridad
y esperan que siga siendo el mismo toda su vida porvenir. Yo veo que ustedes
disfrutan mucho con los cambios acelerados de nuestro tiempo en todos
los ordenes de la existencia. Esta es, en efecto, una sociedad de cosas
nuevas que cambian todos los días. Les son familiares desde el
primer contacto multitud de aparatos que la tecnología avanzada
de la electrónica ofrece cotidianamente, y sus mentes viven abiertas
en todas las direcciones del interés. El mundo se ha ensanchado
hasta el máximo de sus limites porque les parece cosa de todos
los días los lanzamientos de cohetes al espacio y las comunicaciones
por medio de satélites artificiales. La sociedad misma, es para
ustedes no solo este lugar en que nacieron y crecieron; es el ancho mundo
terráqueo. Porque, ciertamente, viven, pertenecen a este pequeño
país, pero la radio la televisión el cine, las revistas,
los periódicos todo les habla de un planeta abierto por entero
a su mirada; que les invita a viajar, a recorrer ciudades y regiones desconocidas;
a conocer gentes de todos los pueblos y distintas culturas; y con ello
a disfruta de tantas playas, hoteles, ates y aviones, y emociones deportivas,
entretenimientos, distracciones y placeres sin fin. Pero también
empiezan a ver de cerca la otra cara de esta sociedad. Todo tiene un elevado
precio en dólares, y en todas partes, junto con los dólares-
y esto lo ven todos los días en las películas que pasan
en la televisión- están los crímenes la gran corrupción.
Y descubren que la mas profunda pobreza, el hambre, la enfermedad, los
vicios cada vez mas asqueantes y una insondable miseria moral, conviven
con la riqueza, con la opulencia mas insolente y perversa. Este es
el mundo en que a ustedes les va tocar existir como los árboles,
que no tienen la culpa de la tierra y el día en que les toco nacer.
También este es el mundo que tendrán frente a ustedes como
un reto vital: unos para aprovechar careadoramente sus dotes personales,
sus capacidades para la ciencia, la industria, el arte el comercio la
agricultura; otros para pelear por bienes como la justicia, la libertad,
la paz, la solidaridad, el amor. Pero ¡que ninguno de ustedes se
eche a vivir placidamente, olvidado de sus responsabilidades de ser humano
entre sus semejantes, sus hermanos!; ¡que respondan con nobleza
y generosidad a este mundo de desafíos! Ustedes queridos
nietos, estarán preguntándose muchas cosas a esta altura
de mis reflexiones. Como era el mundo del primer siglo en que viví
mi adolescencia y juventud, porque, me doy cuenta ahora de que he vivido
escribiendo este como su presente, como el de ustedes. Y me doy cuenta
de lo que hemos alcanzado la tercera edad, o sea la vejez- como a mi me
gusta decir- asistimos al presente de ustedes mirándolo como una
proyección, en perspectiva; lo compramos con el de nuestra juventud
y decimos que aquel fue mejor; lo cual no es cierto, porque el tiempo
es siempre presente. Yo diría que pasado lo al intelectualizarlo
en el recuerdo; pero este de ustedes- este presente que es su mundo y
lo viven profundamente- nosotros lo observamos, somos solo espectadores. Los viejos
nos diferenciamos entre nosotros quizá en que algunos no logran
a este trepidante presente en que ya amanece el siglo xx, y deciden instalarse
en sus recuerdos, volver la vista atrás, y desde ahí contemplan
estos días y deciden negarse a mirar con simpatía, con afán
de comprensión y claridad intelectual el mundo cambiante; se entregan
a vivir como extraños del presente. Bueno, pero
basta de filosofías. Ya me escucharon esto que les repito: el mundo
es un campo de pruebas para cada uno de nosotros, en cada etapa de nuestra
existencia. La vida nos plantea problemas todos los días en cada
edad nuestra, que yo llamo retos, desafíos. Y la vida nos exige
resolverlos, buscar soluciones que al cabo vienen a convertirse en los
fines de nuestra conducta, de nuestra tarea de vivir, que consiste en
proponerse alcanzar objetivos, fines, metas. Sobre cuál
fue el mundo en que crecimos los que ya hemos cumplido los ochenta años,
solo les diré que era mas coherente que el de ustedes, que el de
hoy. El cerebro humano funcionaba a medida de los conocimientos; todavía
estaba lejos de requerir la de almacenaje de las computadoras. Los deportes
no eran eso que son hoy, industria y comercio puros. Las diversiones servían
para el descanso y la expansión tranquila del espíritu.
Faltaba mucho tiempo para que las canciones, los bailes, las fiestas,
los viajes a las playas y balnearios, llegaran a ser demenciales extenuantes
máscaras de irracionalidad y extravío moral. Las ciudades
todavía tenían la medida del hombre. La vida de la familia
era vivida con gran profundidad moral y afectiva. No era muy diferente
mi santo domingo de Heredia del San José metropolitano. Pero aquí
fíjense ustedes, ya mis abuelos percibían diferencias que
los hacían temer la vida de "ciudad" de San José.
Ellos, como lo he dicho antes, ya sentían su vida como historia.
El respeto, la mutua confianza, eran la norma de conducta de todos. Cierto
es que todo creaba distancias apreciables, jerarquías y un orden
que todos sentíamos enteramente natural. Y se vivía con
extremada sencillez y la sencillez de las costumbres era común
a todas las clases y grupos sociales. Quiero decirles algo mas sobre el significado que yo le doy a mi paso por el mundo. Por alguna misteriosa decisión de mi espíritu, desde mis primeras expresiones a los 18 años declare en el primer poema mío que recibió premio de un concurso nacional en 1928, mi fe en la bondad humana, mi positivismo vital. Fue en el poema de las cumbres patrias. Y luego abracé el trabajo de toda mi vida: la educación. Lo he repetido muchas veces, en prosa y en verso: educar es liberar los espíritus; escribir es liberar las palabras en la poesía, las ideas en la prosa; y se libera la conciencia cívica cuando se hace política, al menos como yo concibo esa actividad; por eso dije en todas mis actuaciones políticas que toda la patria era un aula para mí. El político, o es un educador o es un corruptor de la conciencia de su pueblo. cuando es que el hombréele abre la puerta a su propia corrupción moral? Cuando dirige todo acto de su vida hacia el beneficio de si mismo, olvidado de que vida del hombre es una vida entre con y para los demás. Por eso pienso que el santo, el político o el maestro son los mas altos modelos de vida y realización humana .Es corrupto el maestro que toma el saber por el si mismo con negación del prójimo; el político que toma el poder para su propio provecho o el de sus amigos, olvidado del bien de la patria. Queridos nietos
míos: en estos días finales de mi existencia a menudo tengo
percepción inquietante de mi trabajo con los demás. Siento
que algunos jóvenes que se acercan a conversar sobre mi vida y
mi obra, piensan de pronto que lo que les comunico contiene algo mas que
información para completar su trabajo. Las palabras del viejo maestro
quizá llevaron a sus espíritus una imagen entrañable
de nuestro siglo, lejos de los datos del diccionario. Cuando yo comento
mi infancia campesina digo que las pautas de conducta de aquella sociedad
eran seguras y claras. Y entonces muchos jóvenes descubren su infancia
como el reino perdido. Nacieron y crecieron en una sociedad que abandona
aquellos firmes sentimientos de equidad, de fraternidad, de solidaridad
humana que eran práctica de todo momento en la vida del hogar,
de la familia o de la comunidad. Unos mas ricos que otros, unos mas cultos
que otros, unos mas piadosos que otros, todos nos sentíamos ligados
por esos sentimientos. El consejo, la reprimenda y los castigos físicos
eran usuales. Una estricta jerarquía definía el orden, de
abuelos a padres, y de estos a sus hijos. El mal de aquel sistema era
la ciega obediencia. Y se exigía a las tímidas mujeres mucho
mas que los varones. Cosas del machismo, indígena y español.
Los campesinos, ya lo he dicho, empezaban a desconfiar de la moral urbana.
En realidad desconfiaban de las ideas nuevas. En efecto, cuando yo vine
al Liceo de Costa Rica, se abrió para mi el mundo de las ideas,
de la razón razonante.
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