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Texto y Fotografías por Javier Martín

César Valverde me lo presentó Roberto Lizano, lo conocía por referencia, porque conocía anteriormente a sus tres hijos a cada uno por separado, en circunstancias diversas, además fue ministro de cultura, y se imprimieron sellos postales con sus obras. También escribía para el periódico"La Nación" comentarios muy agradables los unos y mordaces, claros, precisos y contundentes los otros.

A César lo llevamos todos los costarricenses muy adentro, aunque no seamos críticos de arte, aunque nuestro bagaje cultural no sea tan amplio como el que quisiéramos, cada vez que vemos un mural de Cesar Valverde en un edificio público sentimos que eso tan refrescante, tan etéreo y sublime que nos transmiten las mujeres de Cesar, que siento yo, son una representación "tropical" -si se quiere atendiendo al color- de la idiosincrasia tica. Así en Cesar se reconcilian dos mundos distantes pero paralelos de nuestra sociedad, el arte académico con toda su carga escolástica, y el vulgo, génesis en primera y ultima instancia del arte académico, ergo, la paradoja de nuestra sociedad no se plasma en la obra de Cesar, de ahí la importancia social de su obra: los murales de Cesar educan en libertad, sigue siendo un profesor para todos, y enseñará y maravillará a mi hijo de 6 años y a los hijos de sus hijos.

 

Ante la obra de César, siento una gran fuerza expresada en líneas y trazos sencillos que nos hablan con asombrosa facilidad de un mundo etéreo y distante que todos sentimos nos pertenece, un sentimiento universal que Cesar alcanzó a representar magistralmente, Cesar jugó con colores que nos impactan, que atrapan nuestra atención y nos hechizan, todos quisiéramos ser un poco las mujeres de Cesar, y en eso creo que estriba su éxito como artista, Cesar obtuvo, con muy pocos elementos y perfecto manejo de la luz, la síntesis del disfrute visual, la visión plástica perse, sin adornos, sin más que sus muy escasos elementos y su fuerza titánica, que -no por poderosa- deja de alcanzar en su obra, una ternura femenina conmovedora, perturbadoramente evocadora de la Eva universal, Yemanja, Rea, Osiris o Maria.

Mi reencuentro con Giovanna Valverde al tomar estas fotografías en su casa fue conmovedor y agradable, teniamos como veinte años de no vernos, encontrar en el mural de la casa paterna, a Giovanna, Rocio y César hijo -dentro del mural- en los momentos cruciales de sus vidas fue "escuchar" una última vez "la voz", -el "pensamiento"- de César, que muy claramente nos dice: "los amo".

Los dejo sin más con el pensamiento y la obra pictórica del maestro César Valverde, en espera de poder fotografiar próximamente la serie de murales que realizara en varios edificios públicos, labor que estaremos presentando en un futuro cercano.

Criterios de César Valverde:

Amo la vida, amo el ser, el existir, el crear.
No concibo la vida sin la creación artística que es nuestro aporte personal y espiritual a la cotidianidad.

Mi expresión artística es por tanto esteticista, pinto lo que me gusta, lo que me hace vibrar, lo que me hace sentirme más y más cerca de mi ideal de belleza. No pinto lo que detesto, no pinto la violencia, la injusticia, la sangre, la miseria, el hambre o la muerte.

Respeto la labor de mis colegas, que trabajan en ese sentido y que toman el arte como un vehículo de denuncia, pero ese no es mi caso.

Como Camus, creo en el artista comprometido, no en el arte comprometido.

El artista debe vivir plenamente, sin temores, sin prejuicios, sin la estulticia predeterminada por una sociedad anquilosada e hipócrita. Solamente así nuestro arte será genuino, puro, verdadero y auténtico como una proyección de nuestra personalidad.

Mi pintura es mi lenguaje, mis palabras las formas, los colores y el diseño. Cada cuadro es la solución a un sinnúmero de problemas plásticos. Es atreverse a tocar el cielo, aunque tengamos las manos sucias.

Para ir a la galería de Cesar................

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